Cada verano, las piscinas municipales se llenan de miles de bañistas y se convierten también en el lugar de trabajo de muchos socorristas. Aunque muchos lo ven como un trabajo tranquilo para pasar el verano, lo cierto es que exige estar atento todo el tiempo, asumir responsabilidades y aguantar muchas horas bajo el calor.
Agustín Álvarez lo comprobó con 17 años, cuando empezó como socorrista en la piscina municipal de Meco, en Madrid. Años después, tras cuatro temporadas, recuerda aquella experiencia como uno de sus mejores trabajos, aunque insiste en que el puesto implica mucho más que pasar el verano al sol. La vigilancia, el trato con las personas y la necesidad de imponer normas forman parte de sus labores.
Las funciones del socorrista van más allá de vigilar la piscina
Según explica en un vídeo para su canal de YouTube, el trabajo principal “es vigilar que nadie se ahogue, mantener el orden y que todo el mundo siga las reglas”. Además, añade que en una piscina municipal, la labor está más delimitada que en comunidades privadas, donde el socorrista acaba asumiendo también funciones de limpieza, mantenimiento o atención general.
Las condiciones, sin embargo, pueden ser duras. Agustín subraya el desgaste físico de estar bajo el calor del verano durante tantas horas. “Aunque nos veáis sentados durante ocho horas, el calor te mata”, afirma. También señala que otro de los mayores problemas del trabajo es el aburrimiento. En las horas en las que hay menos gente, la jornada puede hacerse muy larga y mantener la atención resulta más complicado debido a la monotonía.
Otro punto clave es la autoridad. Según su testimonio, el socorrista debe marcar límites desde el principio para evitar que los usuarios incumplan las normas. “Si empiezas siendo el socorrista majo que permite todo, vas a pasar el peor verano de tu vida”, sostiene, teniendo en cuenta que llegó a vivir amenazas y tuvo que llamar a la Policía Municipal en más de una ocasión.
Un trabajo de verano con sueldo limitado, pero buen recuerdo personal
A pesar de los inconvenientes, Agustín también destaca la parte positiva del trabajo. Recuerda el buen ambiente, la relación con los vecinos, el trato con los niños y los juegos que se organizaban en la piscina. “Me lo pasaba muy bien, me traían comida, los niños me querían y encima me pagaban por esto”, cuenta.
Con respecto a su sueldo, Agustín trabajaba unas 32 horas semanales durante tres meses y ganaba alrededor de 3.000 euros netos en total, incluyendo algunos extras por clases de natación o sustituciones. Según él, era una cantidad aceptable para ser el primer trabajo.
Sin embargo, cree que merece la pena, aunque como carrera a largo plazo, no tanto. “No hay una progresión de habilidades, no hay un mejor puesto, es ser socorrista y ya está”, concluye Agustín, haciendo hincapié que para quienes buscan un trabajo de verano, sociable y con responsabilidad, su valoración es positiva.