El campo español pasa por momentos difíciles, debido en parte a los incendios y a las inclemencias del tiempo que cada vez hacen más destrozos en las explotaciones, y también al aumento de los costes que cada vez hacen más difícil obtener beneficios de cualquier tipo de cultivo. De ahí que veamos agricultores que prefieren tirar su cosecha o que se la coman las cabras antes que malvenderla incluso. Otro aspecto que también está afectando y mucho al campo es la falta de relevo generacional, ya que cada vez es más difícil ver a gente joven que quiera dedicarse a la agricultura o que tomen el relevo de su familia.
Los datos oficiales ponen de manifiesto una realidad difícil de digerir para agricultores y ganaderos, sobre todo aquellos que están a punto de jubilarse, ya que al menos el 41,3% de las explotaciones agrarias nacionales pertenece a personas mayores de 65 años, una cifra que supera por mucho la media del resto de Europa. Frente a este problema, el testimonio de Abel Sotelo, un agricultor de apenas 22 años natural de A Limia (Orense), sorprende por ser un claro ejemplo de resistencia en el medio rural.
"Me llamo Abel, soy autónomo y trabajo en el campo", comenzó el joven agricultor en unas declaraciones para Antena 3.
Acompañando a su padre desde que era muy pequeño, este trabajador autónomo tuvo clara su vocación desde el principio. "Fui creciendo y cada vez lo tuve más claro", dijo para la televisión cuando le preguntaron de dónde le vino su interés por el campo.
Sus jornadas empiezan antes de que salga el sol y se alargan hasta las 14 horas para lograr gestionar de forma eficaz unas 70 hectáreas de terreno. Un esfuerzo que, eso sí, acaba dando sus frutos, ya que la explotación familiar logra producir más de un millón de kilos de patata “de excelente calidad” al año.
Costes disparados y dificultades administrativas
A pesar de su juventud y su entusiasmo, Abel comprende a la perfección los motivos por los cuales el resto de jóvenes huyen de este tipo de oficios. "Querer arrancar no es imposible, pero es muy difícil. Y esas cosas echan bastante para atrás a los jóvenes", confesó el agricultor gallego. Para lograr que una finca resulte rentable hoy en día, el gasto inicial puede ser muy difícil de asumir para cualquier emprendedor que está solo empezando, ya que se requiere adquirir maquinaria pesada, abonos, tierras y fertilizantes a precios muy altos.
A estas dificultades económicas por las que tiene que pasar, el joven le añade otro problema más que no le deja avanzar, que no es otro que la burocracia. "Es más caro y la burocracia es mucho mayor, antes era más fácil", denuncia Abel dejando ver que por si lo económico no fuera poco, también tienen que lidiar con asuntos administrativos constantes que evidentemente le quitan tiempo y hasta le paralizan los cultivos.
En base a todo esto el agricultor saca una conclusión clara y es que para dedicarse a este estilo de vida sin descanso y lleno de presión, además de no tener vacaciones prácticamente, "te tiene que gustar". Con esto quiere decir que no todo el mundo está preparado para trabajar en el campo.