El sector agrícola en España está pasando por una situación de presión constante debido a los costes de producción, así como a las continuas normas que tienen que cumplir. José, un agricultor de Aragón, explica en una entrevista para el canal Emprendedores Viajeros que los trabajadores del campo enfrentan cada día dificultades con el único objetivo de que sus tierras les salgan rentables.
Sin embargo, explica que pese a todas las normas que exige la ley, lo más complicado es luchar contra la llegada de empresas de otros países que ofrecen sus productos a un muy bajo precio, creando así una competencia desigual. "Tendremos que comer de lo que venga de fuera, que es siempre mucho peor que lo de aquí porque allí no tienen restricciones...", afirma.
Pero, ¿qué quiere decir con ello? Su queja no es más que otra que las leyes, tanto en Europa como en España, que prohiben a los productores locales utilizar ciertos insecticidas, medicamentos y productos fitosanitarios por motivos de seguridad, mientras que España importa alimentos de terceros países que sí contienen esos tratamientos.
Puertos llenos de cereal extranjero y márgenes bajo mínimos
Un ejemplo de esta situación se vive con el mercado del cereal. José explica que tiene la mayor parte de su cosecha sin vender debido a que los precios actuales no cubren los costes. "Los puertos están llenos y aún hay barcos para descargar", indica el agricultor, quien señala que la mayor parte de este grano proviene de Ucrania. Sin embargo, el alto precio del combustible, así como los costes de las semillas, impide competir con el precio del cereal importado.
A estos problemas económicos se suma la presión de la administración. José relata que ha sufrido varias inspecciones de Hacienda consecutivas tanto a nivel particular como en su sociedad, que aplican normativas que no tienen en cuenta el funcionamiento real de las explotaciones agrarias.
“Ojalá encontrar a alguien que quiera trabajar en el campo”
El futuro del campo español se enfrenta también a la falta de mano de obra. Los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística confirman una caída constante en el número de trabajadores agrícolas, donde el 30% de los titulares de las tierras supera ya los 65 años y los menores de 35 apenas representan el 4% del total.
"Ojalá encontrara a alguien que quisiera venirse a trabajar al campo, pero es que no, no encuentras gente", lamenta José, quien detalla que la campaña de verano exige jornadas largas que disuaden a los candidatos.
Por último, el paisaje tradicional de los pueblos está cambiando por la instalación masiva de parques eólicos y fotovoltaicos. El agricultor advierte que los proyectos de energías renovables ocupan terreno fértil y reducen el suelo disponible para cultivar alimentos. Según su visión, el foco político e inversor se está desviando hacia el negocio energético en detrimento del sector alimentario local.

