Jake Benoit es un joven de 26 años que trabaja cuidando a personas mayores, algo que le viene de familia, ya que su madre es terapeuta ocupacional y él desde niño, cuando tenía solo 11 o 12 años, ya se iba con ella a la consulta al salir del colegio y pasaba horas allí.
Este chico, que vive en Durham, Carolina del Norte, está cursando un máster en enfermería. De hecho, fue estudiando enfermería cuando empezó a trabajar en el cuidado de personas, con el fin de sacarse algo de dinero para sustentarse mientras estudiaba.
Pero como él mismo confiesa para una entrevista con Business Insider, todo le viene de su madre, que ayudaba a personas en su clínica con problemas de movilidad en las manos a realizar tareas cotidianas como cepillarse los dientes, vestirse y cocinar. Eso fue lo que empezó a influir en Jake a la hora de darse cuenta de cuál era su vocación.
"Tu mamá me cambió la vida", le decían las personas que habían sido cuidadas por su madre. El orgullo que su madre sentía por el trabajo que llevaba a cabo le sembró a él la semilla para dedicarse al cuidado de personas.
Ahora cuida a personas para pagarse los estudios de enfermería
Tras 14 años, este joven está estudiando un máster de enfermería en la Universidad de Duke, donde necesita cubrir sus gastos universitarios trabajando para una agencia especializada en dar trabajo a jóvenes y estudiantes en voluntariados llamada ‘Careyaya’.
Se trata de un servicio de transporte en común para familias que tienen a su cargo personas mayores que necesitan cuidados. Solo tienen que entrar en la plataforma, pedir el número de horas de compañía que necesitan para su familiar y se les asigna un cuidador con un historial verificado.
“Es una situación intergeneracional en la que todos ganan”. Así resume este joven cuidador lo que significa para él trabajar acompañando a personas mayores, un empleo por el que cobra “entre 18 y 26 dólares la hora”, pero que, según reconoce, “significa mucho más que un simple sueldo”.
Y es que este trabajo le ha permitido crear vínculos muy especiales con adultos mayores a los que considera “un privilegio conocer”. Uno de sus primeros clientes fue John, un oftalmólogo que se jubiló a los 94 años, apenas dos años antes de que se conocieran en la primavera de 2024. Lo describe como una persona “sumamente curiosa, abierta y dispuesta a compartir su sabiduría y experiencia”.
John quería hablar con él “sobre su vida y sobre la mía”, por lo que la relación terminó convirtiéndose en algo beneficioso para ambos. “A pesar de la diferencia de edad, lo consideraba uno de mis mejores amigos”, reconoce.
Aunque no se considera “un hombre religioso”, cada domingo lo llevaba a la iglesia y, después, solían ir a comer algo. John padecía “demencia leve”, pero las conversaciones que mantenían sobre el sermón eran, según cuenta, “increíblemente profundas y llenas de matices”, hasta el punto de convertirse en “una fuente constante de inspiración”.
También pasaban muchas horas jugando a las cartas, especialmente al Uno, y charlando entre partida y partida. A veces, John se ponía nervioso debido a su enfermedad, pero la plataforma Careyaya les enseña técnicas para ayudar a los mayores a recuperar la calma. “Entrar en Spotify, preguntarles por su música favorita y reproducirla” era una de las formas que mejor funcionaba.
Además de acompañarlo, también le ayudaba en tareas del día a día. Aunque John podía caminar, a menudo necesitaba ayuda para ir al baño. También le preparaba algo de comer y le organizaba los pastilleros.
Los pacientes lo son todo
“Mis clientes significan todo para mí”, asegura. Por eso, cuando John falleció, recibió un correo de su hija que le marcó profundamente. “Me envió un correo electrónico larguísimo y conmovedor que me hizo llorar”, recuerda.
Después de John, ha seguido cuidando a otras personas que también han dejado huella en su vida. Entre ellas, una reconocida autora de 85 años que ha viajado por todo el mundo y que ahora tiene problemas moderados de movilidad. Su trabajo consiste en “mantener sus piernas elevadas” y asegurarse de que utiliza su dispositivo de compresión.
Con ella ve películas clásicas como “Desayuno con diamantes”, “Vacaciones en Roma” o “Lawrence de Arabia”. Para él, lo mejor es escuchar cómo las interpreta. “Es maravilloso escuchar su lectura de la película”, afirma.
Asimismo, cuida de un exembajador estadounidense de 86 años en Oriente Medio, que ha escrito sus memorias con gran dedicación. Juntos las leen, y él le hace preguntas o le ayuda a aclarar algunos puntos. Según explica, “se puede observar cómo, a medida que avanza la conversación, le resulta más fácil mantener hilos de pensamiento más largos y su memoria se agudiza”.
Trabajar con personas mayores como ellos es una de las razones por las que quiere convertirse en enfermero especializado. “Me encanta saber que alguien agradece mi influencia en su vida tanto como yo agradezco la suya en la mía”, concluye.

