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Un millennial que creció en la década de 1990: “lo que los boomers no entienden de nosotros es que trabajamos tres veces más duro por una tercera parte de lo que ellos tenían a nuestra edad"

Asegura que muchos hitos que los boomers exigen a su generación no se han retrasado por pereza, sino porque la vivienda, la universidad y el coste de vida se han vuelto inalcanzables.

Imagen representativa de un millenial trabajando en una cafetería
Imagen representativa de un millenial trabajando en una cafetería |Envato
Lucía Rodríguez Ayala
Fecha de actualización:

Comprar una casa, formar una familia, ahorrar o tener estabilidad económica eran metas que durante décadas se consideraron normales al llegar a cierta edad. Sin embargo, para muchos millennials, esos objetivos ya no dependen solo del esfuerzo, sino de una economía que ha cambiado por completo las reglas del juego.

Así lo resumió un millennial que creció en la década de 1990 en una publicación compartida en Reddit, donde lanzó una crítica directa a la forma en la que muchos baby boomers interpretan la situación económica de las generaciones más jóvenes.

“Soy millennial y crecí en los 90, y lo que los boomers no entienden de nosotros es que trabajamos tres veces más duro por una tercera parte de lo que ellos tenían a nuestra edad”, explicó. “Y los hitos que quieren que alcancemos no se pospusieron por pereza, sino que se volvieron inalcanzables por la economía por la que votaron”.

La frase generó un intenso debate porque muchos usuarios se sintieron identificados con una idea concreta: no es que los millennials no quieran comprar una vivienda, tener hijos o ahorrar, sino que esos objetivos se han encarecido mucho más rápido que sus salarios.

Una generación que creció en los 90, pero llegó a la vida adulta con menos margen

Los millennials que crecieron en los años 90 suelen recordar una infancia con más autonomía que las generaciones posteriores. Muchos pasaban más tiempo en la calle, resolvían conflictos sin tanta intervención adulta y aprendían a desenvolverse solos en situaciones cotidianas.

Pero esa autonomía no significó que, al llegar a la vida adulta, encontraran un camino más sencillo, al contrario, muchos se incorporaron al mercado laboral en un contexto marcado por crisis económicas, alquileres disparados, salarios ajustados y una vivienda cada vez más alejada de sus ingresos.

Por eso, cuando escuchan que deberían haber comprado una casa antes, haber tenido hijos antes o haber ahorrado más, sienten que se les está juzgando con las reglas de una economía que ya no existe.

Antes, un empleo estable podía permitir construir una vida de clase media, pero ahora, incluso trabajando a jornada completa, muchas personas tienen que seguir compartiendo piso, retrasar la maternidad o paternidad, renunciar a comprar vivienda o vivir con la sensación de que cualquier imprevisto puede romper su equilibrio económico.

Uno de los comentarios más destacados del debate entre los usuarios de la plataforma señalaba que muchos boomers no se sienten responsables de la situación actual porque, desde su punto de vista, simplemente hicieron lo que se esperaba de ellos: compraron una casa, consiguieron un trabajo estable y tuvieron hijos.

El problema, según este usuario, es que esas decisiones tuvieron consecuencias muy distintas a las que tendría hoy una persona joven haciendo exactamente lo mismo.

“De alguna manera, la casa que compraron hace 30 años multiplicó su valor por 40 y ahora son millonarios sobre el papel, pese a vivir exactamente la misma vida que han vivido siempre”, explicó uno de los participantes.

Esa idea resume buena parte del choque generacional. Para muchos boomers, su patrimonio es el resultado natural de haber trabajado y haber tomado buenas decisiones. 

Otro usuario puso como ejemplo a un familiar que compró hace décadas un pequeño apartamento en Nueva York por unos 10.000 dólares. Ahora, según explicó, vale más de un millón y permanece vacío durante todo el año porque el edificio no permite alquilarlo.

“¿Y qué hace con él? Absolutamente nada. Simplemente espera a morir para dejárselo a sus hijos porque es la opción más ventajosa con la legislación fiscal actual”, comentó.

“Los logros no se retrasaron por pereza”

La vivienda fue uno de los puntos más repetidos, pero no el único. Muchos comentarios insistían en que lo que más molesta a los millennials no es solo la dificultad económica, sino que esa dificultad se interprete como falta de esfuerzo.

Durante años, a esta generación se le ha acusado de gastar demasiado, de no querer comprometerse, de retrasar decisiones importantes o de no tener la misma cultura del sacrificio que sus padres. Sin embargo, quienes participaron en el debate defendían que la comparación no es justa.

No es lo mismo trabajar duro en una economía donde una vivienda era accesible con un sueldo medio que hacerlo en un contexto donde el alquiler consume buena parte del salario. Tampoco es lo mismo pagar una universidad o formar una familia cuando los precios eran más bajos que hacerlo después de años de inflación, deuda estudiantil o precariedad laboral.

Varios participantes también matizaron que no todos los boomers viven cómodamente ni todos acumularon patrimonio. Algunos recordaron que también hay personas mayores sin ahorros, con pensiones ajustadas o con dificultades para llegar a fin de mes.

Ese matiz abre otro enfoque, y es que quizá el problema no sea solo generacional, sino también de clase. Uno de los usuarios lo resumió señalando que todo esto es consecuencia de una guerra económica más amplia, en la que los más ricos han ido acumulando poder mientras el resto de la población se enfrenta entre sí por las migajas.

Pero incluso aceptando ese matiz, muchos millennials mantienen una idea clara, hacer lo correcto ya no garantiza los mismos resultados. Estudiar, trabajar, ahorrar y ser prudente no siempre permite comprar una casa, tener hijos o vivir con estabilidad.

Ese es, precisamente, el punto que más se repitió en el debate. La frustración no nace de no querer esforzarse, sino de sentir que el esfuerzo vale cada vez menos. Para muchos millennials, el problema no es que hayan renunciado al futuro que les prometieron. Es que ese futuro cambió de precio antes de que pudieran alcanzarlo.