A menudo, las personas más admiradas en el entorno laboral y familiar, aquellas que nunca fallan y siempre están dispuestas a ayudar, son las que más riesgo corren de sufrir trastornos de ansiedad.
La psicóloga Ángela Fernández identifica tres rasgos clave que, llevados al extremo, alimentan este malestar; una situación que la psicología clínica denomina el "Círculo de la ansiedad de alto rendimiento".
"Todo está bien en su justa medida, pero si se quiere trabajar la ansiedad, hay que aprender a ser flexible", explica Fernández. La ciencia respalda esta visión a través del modelo Big Five (Los Cinco Grandes), que mide cómo nuestra personalidad influye en nuestra salud biológica.
“Son personas que buscan la perfección constantemente”
Este rasgo, alabado socialmente desde la infancia, suele esconder una autoexigencia voraz. Las personas con alta responsabilidad presentan un sistema de "monitoreo de errores" en el cerebro mucho más activo. Ante un fallo mínimo, su alarma interna suena tan fuerte como si se enfrentaran a un peligro real.
Según la American Psychological Association (APA), el perfeccionismo desadaptativo ha aumentado un 33% desde 1989, vinculándose directamente con el repunte de la ansiedad en adultos. "Son personas con estándares muy altos que buscan la perfección constantemente", apunta la psicóloga.
El exceso de amabilidad o ‘sociotopía’
Ser generoso y altruista es positivo, pero la incapacidad de poner límites genera lo que en psicología se llama sociotropía o dependencia de la aprobación ajena. "Tienen el foco siempre puesto en el resto, por lo que hay muy poco autocuidado", advierte Fernández.
Investigaciones publicadas por el Instituto Nacional de Salud (NIH) demuestran que la amabilidad extrema predice síntomas de ansiedad generalizada, especialmente cuando el individuo siente que ha perdido el control sobre su propio tiempo por no saber decir "no".
Neurocentrismo: una alerta constante
El neuroticismo es el predictor número uno de los trastornos de ansiedad a nivel mundial. Se define como la tendencia a experimentar emociones negativas ante estímulos que otros considerarían neutros.
Un ruido fuerte o un plan que se cancela afectan mucho más a estas personas debido a su alta reactividad. Evolutivamente, esto servía para detectar amenazas, pero hoy solo mantiene el cortisol elevado de forma crónica.
Tal y como detalla la experta, existe un perfil muy específico de aquella persona que vive la ansiedad cada día.
| Rasgo | Manifestación común | Impacto real |
| Responsabilidad | "Tengo que hacerlo perfecto". | Agotamiento por autoexigencia. |
| Amabilidad | "No puedo decir que no". | Sobrecarga y falta de límites. |
| Neuroticismo | "¿Y si sale mal?". | Rumia y sobrepensamiento constante. |
La clave no es dejar de ser responsable o amable, sino entrenar la flexibilidad cognitiva. Según la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), el objetivo es aprender a adaptar nuestro comportamiento a las circunstancias en lugar de seguir reglas internas rígidas.
Como concluye Ángela Fernández, el trabajo consiste en hablarnos con una mirada más "flexible y compasiva". Aceptar nuestras tendencias es el primer paso para evitar que estas virtudes acaben limitando nuestra vida y nuestra paz mental.

