Hay despidos por acciones que cuesta creer que sean verdad. Pero, como se suele decir, la realidad siempre supera la ficción. Un caso que lo ejemplifica a la perfección es el de una antigua profesora, Alice Ashton, que fue despedida por insultar a sus alumnos y obligarles a bailar la Macarena, como ella estaba haciendo bajo los efectos del alcohol.
A consecuencia, además del despido, fue inhabilitada para ejercer la docencia en Gales, lugar donde transcurrieron los hechos en 2024. Tal y como recoge el medio ‘BBC’, el pasado año se celebró una vista para evaluar la aptitud profesional de la profesora, tras varias acusaciones.
Una comisión del Consejo de Personal Docente (EWC) escuchó los testimonios de los alumnos y del subdirector del centro y tuvo en cuenta la condena por conducir bajo los efectos del alcohol que la misma recibió en 2023, antes de dictaminar que su comportamiento constituía una conducta profesional inaceptable.
Ashton no asistió a la vista y, según el citado medio, fue dada de baja del registro del EWC de forma indefinida, aunque podría volver a solicitar su inscripción al cabo de dos años. Por su parte, la investigación del centro educativo se produjo después de que un padre expresara su preocupación por el comportamiento de la profesora, durante una clase celebrada el 17 de enero de 2024. A raíz de la denuncia, el colegio revisó las grabaciones de las cámaras de seguridad y, el 19 de febrero, encargó una investigación independiente.
Los testimonios de los alumnos coincidían
Durante la investigación, entrevistaron a varios alumnos que afirmaron que Ashton olía a alcohol, parecía estar bajo los efectos del alcohol durante la clase y utilizaba un lenguaje inapropiado, incluyendo palabrotas. Al parecer, según recoge New York Post, puso música a todo volumen desde su ordenador, si bien sus clases solían ser “aburridas” y tranquilas.
Tras los hechos la comisión del EWC escuchó el testimonio de varios alumnos, entre ellos el de una estudiante a la que daba clase dos veces por semana durante unos tres meses, a la que se refirieron como la “alumna H”. Esta describió una clase de Educación Personal y Social, impartida por la misma el 17 de enero de 2024, en la que afirmó que la botella de la que la docente estaba bebiendo olía a alcohol.
También describió que Ashton estaba sonriente y de buen humor al comienzo de la clase y no paraba de levantarse de su pupitre, pero que se fue irritando a medida que iba avanzando la clase. Tal fue el punto, que acabó insultando al alumnado cuando se pusieron revoltosos.
“Estaba muy cerca de nosotros. Se notaba un ligero olor a alcohol. Estaba muy animada y hablaba gesticulando con las manos. En otras clases, se mostraba más reservada y callada” o “pidió a la clase que bailara la Macarena. Puso música y no estábamos trabajando”, fueron algunas de las declaraciones del alumnado.
Otro miembro del personal del colegio afirmó que no podía entender lo que decía la profesora, describiéndolo como “un batiburrillo de palabras”. Incluso aseguró que esta tropezó y se tambaleó al ir a apoyarse contra una pared. En la línea con estos testimonios, el centro pudo aportar “una abrumadora cantidad de pruebas” que respaldaban las acusaciones, coincidiendo todos los alumnos en que Ashton utilizaba palabrotas.
Este comportamiento de Ashton se produjo apenas cuatro meses después de que fuera condenada por conducir bajo los efectos del alcohol y, tras ser preguntada por ello, negó todos los hechos. Sin embargo, las imágenes de las cámaras de seguridad de la clase de ese día corroboraron los relatos de los alumnos, como alegó el centro y después confirmó el tribunal.
Ashton no llegó a presentarse al juicio y no mostró ningún arrepentimiento por sus actos, ni siquiera respondió a las conclusiones, según indicó el tribunal. Esta solo envió un correo electrónico al comité del centro para comunicar que se había mudado a Inglaterra y que ya no trabajaba como profesora.

