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Blas Martín, soldador y dueño de un taller: "Me dicen que por 1.200 euros no vienen a trabajar, sin pensar que en solo 3 meses ya pueden cobrar 1.500"

Las pymes cada vez tienen más problemas para formar a jóvenes aprendices y de ahí viene en parte la falta de relevo generacional.

Blas durante la entrevista
Blas Martín, soldador y dueño de un taller |Youtube 'pódcast Sector Oficios'
Antonio Montoya
Fecha de actualización:

La falta de relevo generacional que están viviendo muchas profesiones tradicionales no viene de la nada, sino que tiene muchos factores que la provocan. Aunque uno de los aspectos principales es que los jóvenes ya no quieren realizar trabajos duros, como denuncia el albañil Kike Urdiales, que piensa que viene “una generación de blanditos”, lo cierto es que no es lo único que provoca la falta de trabajadores jóvenes en oficios tradicionales.

Otros factores como la dificultad que tienen las pequeñas empresas para contratar aprendices o que, a veces se pide demasiada formación para trabajar en estos oficios, hacen también que los jóvenes huyan de estos empleos. Y es que oficios manuales como la ganadería, la albañilería o la metalurgia no encuentran jóvenes dispuestos a aprender y dedicarse a ello a largo plazo. Blas Martín, soldador y propietario de un taller de carpintería metálica en Granada, explica bien esta problemática en una entrevista que concedió para el pódcast Sector Oficios.

Muchos jóvenes piden un sueldo alto nada más empezar

En palabras de este autónomo andaluz, uno de los problemas que se encuentran aquellos que como él, tienen una empresa o taller y se dedican a un oficio que requiere experiencia o un aprendizaje inicial, es que los jóvenes llegan pidiendo sueldos altos sin saber. Aunque la profesión del metal asegura un futuro muy rentable, los jóvenes no están dispuestos a empezar con un sueldo bajo. "Entiendo que quieren entrar y cobrar como cualquiera. Ojalá se pudiera, pero si no tienes experiencia, no puedes cobrar lo mismo que alguien que lleva cinco años porque no rindes lo mismo", dice en base a la pura lógica.

Y es que oficios como el de soldador no se aprenden de un día para otro, sino que requieren paciencia y un largo periodo de formación inicial, a lo que los jóvenes de ahora no están dispuestos, además de no aceptar el sueldo inicial. "Hay muchos que dicen: yo por 1.200 euros no voy a trabajar. Pero igual solo son tres meses, y luego pasas a 1.500 y al siguiente año puedes cobrar 1.700 o 1.800 euros", aseguró, intentando dar a entender que si fueran más pacientes, seguro que obtendrían beneficio y estarían en una posición mejor.

Enseña cuesta mucho a las pymes

Pero no es lo único, además en muchas ocasiones son los propios dueños de los talleres los que también evitan contratar a jóvenes por culpa de las normativas vigentes. "Hay empresas que no quieren aprendices porque tienen que perder tiempo en enseñarles y no quieren. Entonces, los ponen a barrer, o a ordenar tornillos", contó el soldador.

Las cifras a las que tienen que hacer frente las pequeñas empresas para tener a gente joven y contratar a nuevos trabajadores echan para atrás a cualquier empresario, desde luego, según explica Blas Martín. "Un seguro de un peón son casi 1.000 euros y tengo que pagar lo mismo por una persona de prácticas que por otra que tiene 20 años de experiencia", apuntó. Por otro lado, el granadino confesó que a él no le tiembla el pulso a la hora de recompensar el talento real. "También me gustaría pagar 2.000 euros. Si sacas trabajo, me da igual pagar 2.000 o 3.000 euros, pero tienes que sacarlo. Lo que no puedes hacer es sacarte dinero de tu bolsillo para pagar".

Con todo, a pesar del panorama general, el dueño del taller tiene actualmente a un chico de prácticas "muy apañado", que él mismo se encarga de guiarlo y enseñarlo. Por lo que, con la intención de crear buenos profesionales para el futuro, Blas concluyó que "aunque no se quede conmigo, donde vaya, que vean que viene bien enseñado".