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Begoña, camionera con 31 años de experiencia: “Podemos conducir 10 horas en dos días, pero nunca más de 56 a la semana”

La conductora valenciana cuenta cómo los horarios, los descansos obligatorios y la conciliación marcan el día a día del transporte por carretera.

Begoña, camionera
Begoña, camionera con 31 años de experiencia: “Podemos conducir 10 horas en dos días, pero nunca más de 56 a la semana” |solocamion.es
Icíar Carballo
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Begoña, también conocida como la ‘camionera metalera’ por su afición musical, lleva más de tres décadas subida a un camión. Y aunque habla de su profesión con orgullo, también lo hace desde un punto de vista realista, ya que la vida en la carretera no consiste solo en conducir; está marcada por horarios muy controlados, descansos que son obligatorios y muchas horas lejos de casa.

“En dos días podemos hacer 10 horas, pero a la semana no más de 56”, resume en uno de sus vídeos de sus redes sociales (@camionera.metalera). Una limitación que se debe a que la jornada de los transportistas está vigilada por el tacógrafo, el aparato que registra los tiempos de conducción y de descanso. 

No pueden superar 56 horas al volante por semana

La norma fija un máximo de 56 horas de conducción a la semana y 90 horas en dos semanas y, en cuanto a los descansos, los conductores, ya sean autónomos o asalariados, deben cumplir las 45 horas reglamentarias, aunque en algunos casos pueden reducirse a 24 horas.

Sin embargo, en la práctica, las horas van en función de la organización del trabajo. Cada ruta debe calcularse al detalle para no pasarse de los límites legales, y cualquier retraso en una carga, una descarga o un simple atasco en la carretera puede alterar la planificación. Por ello, para los conductores, cumplir la norma no es solo una obligación, sino una necesidad, ya que también afecta al cansancio, a la seguridad y a la posibilidad de llegar a tiempo a casa.

Un sector muy masculinizado

Begoña empezó en el sector del transporte después de pasar seis años acompañando a su marido en la cabina. Sus primeros trabajos fueron en el puerto de Valencia, moviendo contenedores en rutas comarcales, donde aprendió el oficio desde abajo, con el objetivo de, poco a poco, abrirse paso en un mundo en el que casi todos eran hombres.

“Yo llegaba a cualquier fábrica o almacén y, como era la primera mujer que veían con un camión, salía todo el mundo a verme”, recuerda, señalando que este tipo de reacciones eran parte del día a día. Por ello, y sobre todo al principio, su marido fue una figura importante porque la enseñó, la acompañó y la animó a seguir cuando otros dudaban de ella.

Con el tiempo, Begoña dio el salto al transporte internacional, pero puso la condición de volver a casa los fines de semana. Para ella, esa decisión fue clave para poder mantener el equilibrio entre el trabajo y la familia. De hecho, reconoce que la conciliación ha sido una de las partes más difíciles de la profesión, especialmente durante la crianza de su hija.

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