A sus 65 años, Miguel Ángel Bravo ha decidido cambiar la rutina de la jubilación por apuntes, exámenes y horas de biblioteca. En vez de darse un merecido descanso, tras tantos años trabajando, este extremeño ha preferido empezar una nueva vida como universitario. Después de jubilarse en agosto de 2025 como comercial, tenía claro que quería aprovechar el tiempo: “La oportunidad que no tuve cuando era joven la voy a tener ahora”.
Matriculado en el grado de Historia y Patrimonio en la Universidad de Extremadura, Bravo vive su experiencia académica con la misma ilusión que cualquier estudiante de primer curso. Aunque en su juventud solo pudo estudiar hasta Bachillerato, su interés por la Historia nunca desapareció. Hoy, asegura que no falta a clase nunca y que incluso ha sido elegido delegado por mayoría absoluta, según cuenta para ‘65 y más’.
Desde luego dar el paso a estudiar en la universidad a su edad no ha sido fácil, es más, tuvo dudas al principio: “No sabía si sería capaz de adaptarme o de asimilar los conocimientos”. Sin embargo, los resultados hablan por sí solos: aprobó todas las asignaturas del primer cuatrimestre, incluida la Gramática, una de las que más le costaba. “Cada vez que me daban una nota, me ponía contentísimo. Yo voy a por todas”, afirma.
Una rutina de estudio digna de cualquier universitario
Su día a día dista mucho de la imagen típica de un jubilado. Por las mañanas acude a clase y por las tardes se dedica a estudiar. En total, mantiene su mente activa durante más de doce horas al día. “De la otra forma podría ir perdiendo capacidad”, explica.
Durante los exámenes, su disciplina se intensifica aún más. Biblioteca por la mañana, descanso para comer y vuelta por la tarde. “6 o 7 horas me tiro estudiando”, reconoce. Su método también es claro: primero estudia todas las asignaturas y, en los días previos a cada examen, se centra en repasar. “Cada tres días tenía un examen”, añade sobre su exigente calendario.
A pesar del esfuerzo, en casa le piden que baje el ritmo. “Me dicen que no estudie tanto, que me estoy pasando”, comenta entre risas. Pero él sabe que necesita dedicar más tiempo que los jóvenes para obtener los mismos resultados. Eso sí, el apoyo familiar ha sido clave, especialmente el de su hijo, quien le animó a dar el paso.
Aprender sin edad y compartir experiencia
En las aulas convive con estudiantes de 18 años, en una relación que define como enriquecedora para ambos. “Ellos aprenden de mí y yo de ellos”, asegura. Su experiencia vital le permite aportar contexto en clase, mientras que sus compañeros le ayudan con la tecnología.
Y es que, aunque empezó entregando trabajos a mano, ahora maneja el campus virtual y entrega documentos en PDF con soltura. Aun así, sigue fiel a los métodos tradicionales: cuadernos, apuntes y estudio constante. “Prefiero el método antiguo”, afirma, dejando claro que, por ahora, no utiliza herramientas como ChatGPT.
Su implicación va más allá del estudio. Como delegado, se encarga de mediar con profesores y representar a sus compañeros. Además, no falta a clase “ni llueva, truene o haga sol”. Una constancia que ha llamado la atención dentro y fuera del aula.
De la universidad a las redes sociales
Su historia ha traspasado las paredes de la facultad. Gracias a su hijo, cuenta con un perfil en TikTok (@abuelitoenclase) donde comparte su experiencia como estudiante veterano. Algunos de sus vídeos superan el medio millón de visualizaciones y ya es reconocido por jóvenes que le animan a seguir.
Lejos de incomodarle, lo lleva con humor: “Mi hijo es el director y mi mujer la secretaria”, bromea. Incluso en la biblioteca ha recibido mensajes de ánimo anónimos que le motivan a continuar.

Un mensaje claro: nunca es tarde
A quienes dudan si dar el paso, Miguel Ángel Bravo les lanza un mensaje directo: “Que no se lo piensen”. Para él, estudiar no solo mantiene la mente activa, sino que aporta satisfacción personal. “Si es por placer, se disfruta más”, asegura.
Y no se pone límites. Si termina la carrera con fuerzas, ya piensa en continuar formándose, ya sea con otra titulación o incluso un doctorado. Porque si algo tiene claro es que esta decisión ha cambiado su vida: “Desde que he empezado, cada día me alegro más porque me siento más joven, con más vitalidad”.

