Uno de los principales desafíos a nivel formato ha sido, y sigue siendo, la falta de educación financiera. Por ello, cada vez más familias están convirtiendo su hogar en una especie de escuela financiera para sus hijos. Conscientes de que el desconocimiento sobre el ahorro, el valor del dinero o la gestión de un presupuesto básico deja a los jóvenes en una posición de vulnerabilidad frente a su futuro, muchos padres han asumido el reto de enseñarles estas habilidades.
Es el caso de Ellen Beardmore, quien empezó a pagar a su hija por las tareas domésticas cuando tenía 5 años. Cada semana, la pequeña tiene una pequeña lista de tareas, como dar de comer al gato, hacer la cama, fregar el suelo de la cocina o poner la mesa para la cena. Por hacer estas tareas, le pagan una pequeña recompensa los sábados, entre 2 y 2,70 dólares a la semana, que van ingresando a una cuenta a su nombre asociada a una tarjeta de débito prepagada. “Puede que no parezca mucho, pero el dinero pronto se va acumulando”, afirma en primer persona para ‘Business Insider’.
Sobre el reparto de este dinero, unos céntimos se donan automáticamente a una organización benéfica para niños, y el resto va para sus ahorros. “Cada pocas semanas, decide comprar algo y saca su tarjeta de débito para pagarlo cuando salimos de compras”, agrega, reconociendo que, como se lo ha ganado, tiene que “morderse la lengua cuando elige otro peluche o un ukelele”.
Sabe usar el cajero y su tarjeta de débito
Ellen asegura en el citado medio que, como madre, está viendo que los beneficios de esta práctica van mucho más del económico. En este sentido, explica que, al terminar sus tareas, aunque algún día pueda estar cansada, su hija entiende la sensación de haber hecho un buen trabajo. “Esto ha potenciado su independencia y su sensación de ser una parte capaz e indispensable de un equipo”, indica.
De hecho, afirma que ahora ofrece su ayuda para otras cosas, dándole la oportunidad de ganar más dinero echándole una mano cuanto tiene eventos los fines de semana. “Cuando vamos a las tiendas, es maravilloso verla interactuar con seguridad con el cajero y usar su tarjeta de débito. Por supuesto, su familia siempre le da algún capricho. Pero hay algo especialmente satisfactorio en comprarse uno mismo esos pequeños lujos”, agrega orgullosa, con la esperanza de que todo esto le sirva en el futuro a la hora de ganar dinero, elaborar presupuestos, ahorrar y hacer donaciones.
En definitiva, que le pueda servir de base para tomar decisiones financieras acertadas. De momento, se siente satisfecha con los resultados: “Cuando veo su cama rosa, perfectamente hecha, con los peluches colocados con esmero sobre la almohada, el corazón se me llena de orgullo”, aun reconocimiento que, al ser pequeña, a veces tiene que recordarle sus tareas, o recibe alguna queja.
Sorpresa entre los padres
Ellen sabe perfectamente que esta práctica no está exenta de polémica. Así, cuenta que la mayoría de la gente se sorprende al conocerla. “Algunos padres dicen que sus hijos simplemente no harían las tareas si se les pidiera. Ni siquiera a cambio de dinero. Otros han dicho que no se lo creen, o que los niños pequeños deben ser niños, sin responsabilidades”, alega.
Frente a estos últimos, se siente totalmente en desacuerdo, considerando que así no se crea a adultos funcionales: “Cuando hay adultos que no saben prepararse una taza de infusión y los universitarios siguen llevándose la colada a casa para que se la lave su madre, las habilidades para la vida son fundamentales”.
En este sentido, defiende que corresponde a los padres a enseñar a sus hijos a convertirse en adultos completos, sabiendo al mismo tiempo que siempre pueden acudir a ellos en busca de apoyo. En esta línea, confiesa que en su casa ya están pensando en cómo ampliar la lista de tareas a su hija. “Mi hija ha sugerido añadir barrer y fregar los platos a la rotación. Con el tiempo, me encantaría que preparara comidas sencillas. Decidamos lo que decidamos, las tareas deben suponer un reto adecuado para ella a medida que crece y enseñarle habilidades que le ayuden a valerse por sí misma”, señala.
Por último, defiende que esta rutina también les enseña a compartir el peso del hogar: “En un mundo en el que apenas se empieza a hablar del impacto implacable de la carga mental, que recae principalmente sobre las mujeres, ¿por qué no íbamos a querer enseñar a la próxima generación a contribuir?”, concluye.

