Todo el mundo sabe que en España faltan vivienda, concretamente unas 750.000 según un estudio de Caixabank, y ya no solo para cubrir la demanda actual, sino también para renovar el parque de viviendas que ya existe. Y es que más de la mitad de los inmuebles que hay en España fueron construidos antes del 1980, por lo que una gran parte de la población vive en casas que no están adaptadas a la realidad energética actual porque no tienen el aislamiento necesario ni cumplen con los estándares de eficiencia energética.
Por más que el Gobierno pusiera en marcha un plan de ayudas para mejorar el aislamiento de los edificios residenciales en España, que ya está aplicando en buena parte del parque de viviendas, todavía existe un gran número de inmuebles que no cumplen con las normas de eficiencia energética. y que no resisten de forma adecuada las diferentes situaciones climatológicas que vive nuestro país a lo largo del año.
Efectos de un mal aislamiento térmico
Esto no afecta solo a la estética del edificio o a la comodidad del hogar, sino que va más allá. Y es que pueden haber humedades y problemas a la hora de conservar la temperatura dentro, lo que puede perfectamente subir la factura tanto de la luz como del gas a final de mes. Ahora esto tiene mayor importancia, tras el fin del IVA reducido en la luz y el gas, que supondrá una subida en los próximos recibos de energía. Esto explica que tanto arquitectos como especialistas en reformas cada vez recomienden más revisar bien el aislamiento de los edificios donde se encuentra la vivienda.
Para los especialistas no todos los edificios resisten igual al paso del tiempo. Mientras algunos bloques mantienen una buena eficiencia energética por más que pasen los años, otros empiezan a tener humedades, problemas de condensación y otros fallos cuando llevan solo 20 años construidos. Esto pasa sobre todo con los edificios que se construyeron antes de las normativas de aislamiento y eficiencia energética actuales, ya que no estaban preparados y por eso los arquitectos ahora están incidiendo tanto en ello.
Una de las señales más comunes se ve cuando hay manchas oscuras en los rincones de las habitaciones, los muros están húmedos, hay desconchones en la pintura o una sensación de frío en invierno más fuerte de lo normal a la vez que mucho calor en verano. A menudo se cree que es por falta de ventilación o por algún problema de humedad concreto, pero realmente los expertos advierten que lo que ocurre en realidad se debe a que el aislamiento de la fachada o de los muros no es el adecuado.
Un efecto directo en la economía doméstico
Cuando tu casa no está bien aislada, la temperatura varía demasiado y resulta muy difícil que la vivienda resista bien cuando hace mucho frío o cuando hace muchísimo calor. Básicamente, las paredes, los techos y las ventanas dejan que el calor se escape en invierno, y en verano hacen que estar dentro sea un infierno. Al final, no queda otra que tener la calefacción muy alta, poner las estufas o tener el aire acondicionado encendido a todas horas. En una situación así da un poco igual si tienes un aire acondicionado de ventana o un split moderno, porque van a gastar mucha energía de todas formas.
¿Qué pasa entonces? Pues que como la habitación no retiene bien la temperatura, los aparatos tienen que estar encendidos a gran potencia con el fin de compensar lo fuga térmica de la habitación. Esto hace que el gasto de energía se dispare y que las facturas de la luz y del gas sean mucho más altas de cómo serían en un hogar con buen aislamiento. Y eso por no hablar de cómo sufren los materiales del inmueble con el paso del tiempo, ya que las paredes, los techos, las ventanas y hasta los muebles también lo notan.
La prueba del papel de aluminio
Los arquitectos tienen un método para saber fácilmente si el domicilio tiene un mal aislamiento o problemas de humedades y no es otro que la prueba del papel de aluminio, un truco doméstico muy útil para saber si el origen de la humedad viene de una complicación por condensación interna o de una falta real de aislamiento exterior del bloque.
El proceso es sencillo, solo hay que pegar un trozo de papel de aluminio directamente sobre un muro de la casa, si puede ser mejor en una zona donde se hayan detectado rastros de moho o donde se note un ambiente húmedo. Los profesionales recomiendan hacer esto en días de lluvia o cuando haya mucha humedad en el ambiente, ya que así será más fácil apreciar los cambios de temperatura que se dan en la habitación.
Cuando ya está pegado en la pared, el papel metálico tiene que quedarse ahí fijo entre 48 y 72 horas. Cuando ya haya pasado ese tiempo, se retira con precaución y se examina qué cara tiene más humedad. Es exactamente aquí donde está la clave para saber de dónde viene el problema.
Si la superficie del papel que estaba pegada al muro se nota mojada o fría, los expertos indican que el fallo es por el aislamiento de la fachada o en la estructura exterior del edificio. ¿Esto qué quiere decir? Pues que la pared está filtrando humedad o perdiendo temperatura a mayor rapidez de lo que debería. Esto suele pasar en edificios o casa antiguas.
Por el contrario, si las gotas de agua se encuentran en la cara exterior del papel, es decir, la que miraba hacia la habitación, el problema está relacionado casi seguro con la ventilación de la vivienda y no tanto con la fachada.

