Hacer obras de mejora en una casa es algo habitual, sobre todo cuando se quiere poner el alquiler como vivienda turística para aumentar su valor y poder cobrar más. Pese a ello, hay que tener en cuenta que, tanto para reformar el interior como el exterior, aunque se trate de una propiedad privada, se requieren en muchos casos permisos municipales. Hacer este tipo de obras sin la correspondiente autorización puede terminar con una orden de demolición, que es justo lo que le ha pasado al propietario de un alojamiento turístico en el sur de Gales, que tendrá que demoler una terraza valorada en unos 23.350 euros, que construyó hace más de diez años sin pedir permiso.
Según la información publicada por el medio británico The Sun, la terraza construida se encuentra en la orilla de un río que hay junto a la vivienda, que se anuncia como alquiler vacacional en Airbnb por unos 187 euros la noche. Durante años, el propietario utilizó el espacio sin problemas, pero esto cambió cuando solicitó una licencia para una reforma en la que quería cambiar el suelo y añadir una zona de descanso de madera con más asientos.
Al revisar el proyecto, los técnicos municipales comprobaron que en el momento en que se realizó la obra de la terraza años antes, no se habían solicitado los permisos necesarios para el cambio de uso del terreno, algo que el propietario trató de subsanar intentando legalizar la construcción de la terraza con carácter retroactivo.
Le denegaron el permiso para legalizar la terraza
Los responsables municipales rechazaron la solicitud después de recibir varios informes que advertían de que el terreno no era adecuado para construir una terraza debido al riesgo de inundaciones.
Los técnicos también señalaron que el proyecto no incluía planes suficientes para integrar la construcción en el paisaje ni medidas para reducir su impacto sobre la biodiversidad. La terraza, además, tiene vistas a una zona protegida próxima a un Parque Nacional.
“El terreno puede ser propiedad del solicitante, pero eso no significa que pueda utilizarse; forma parte de la ribera del río”, explicó el responsable de planificación y, aunque el concejal del ayuntamiento defendió que el dueño había realizado las obras “de buena fe”, la obra no podía legalizarse.
Los técnicos alertaron del riesgo de construir junto al río
Otra de las concejalas se opuso a la legalización de la terraza por los riesgos que suponía mantener una construcción en ese punto. Según explicó, los daños causados por tormentas anteriores en la zona demostraban que la terraza no debía estar construida en la ribera de un río.
La propuesta fue finalmente rechazada por 12 votos en contra y tres a favor. Como consecuencia, el propietario no podrá renovar ni ampliar el espacio y tendrá que retirar la terraza construida sin autorización.