Nerea tiene 21 años y lleva desde la adolescencia conviviendo con un problema de salud que le condiciona cada momento de su día a día. Su pecho empezó a crecer cuando tenía 13 años y, aunque durante un tiempo pensó que el aumento se había detenido, volvió a crecer hasta provocarle dolores, limitaciones físicas y una fuerte carga emocional.
La joven ha contado su historia en el programa Y ahora Sonsoles, donde ha explicado que tiene diagnosticada una hipertrofia de mama y que, a pesar de cumplir los criterios médicos para ser intervenida, la operación por la sanidad pública no ha salido adelante.
No puede peinarse, vestirse ni dormir con normalidad
Todo empezó cuando era prácticamente una niña. “Una vez que empiezan los 13 años, el pecho me aumenta. Conforme van pasando el tiempo, más me llega a aumentar”, relata, y aunque al llegar a los 18 años notó que el crecimiento parecía haberse frenado, esa sensación duró poco. “En dos o tres meses volvió a aumentar, aumentar hasta el día de hoy. Hasta el día de hoy”.
El problema no es solo estético, sino que afecta directamente a su autonomía, ya que asegura que hay gestos cotidianos que ya no puede hacer sola, como peinarse o vestirse, porque “cuando levanto los brazos a cierta altura, ya me tira el pecho hacia abajo y me duele”, cuenta, explicando que, además, solo puede aguantar unos segundos con los brazos elevados antes de tener que bajarlos.
El descanso se ha convertido también en una dificultad, ya que no puede dormir con normalidad porque el dolor en la espalda y en el pecho le obliga a levantarse durante la noche. “A la hora de dormir aguanto 2 horas, hora y media, que me tengo que levantar y acostarme en un sillón para poder descansar”.
Actualmente, quien más la ayuda es su pareja, aunque antes lo hacía su madre. Esa ayuda la necesita incluso para ponerse el sujetador, ya que, según reconoce, “yo sola no me lo puedo poner”.
Otra de las consecuencias que sufre Nerea está relacionada con la ropa porque no encuentra prendas con las que se sienta cómoda para salir a la calle e incluso tuvo dudas sobre qué ponerse para acudir al programa. “Para ropa de vestir, nada. Para estar por casa sí porque utilizo ropa cómoda, pero para salir a la calle nada”, afirma.
La joven también ha explicado que le resulta imposible encontrar ropa interior de su talla. “No encuentro en ningún lado. De hecho, el que llevo es una copa E de 90, porque copa F de 90 no hay”, haciendo referencia a su talla de sujetador.
Recibió insultos desde pequeña por el tamaño de su pecho
La situación también ha afectado a cómo se ve a sí misma y preguntada por si le cuesta mirarse al espejo, Nerea respondió que sí. “Veo que el tamaño de mi pecho que es mucho más ancho incluso que mi cuerpo. Es que sinceramente yo me miro y digo, no puede ser, no puedo aguantar más mirarme al espejo y verme así”, explica, reflejando el desgaste emocional que está viviendo.
Además del dolor físico, Nerea ha tenido que soportar comentarios e insultos desde que era pequeña. Cuenta que en el instituto algunos compañeros se metían con ella cuando empezó a crecerle el pecho. “Compañeros que me decían, ‘no puedes correr porque tienes mucho pecho, eres una tetona’”. Aunque al principio intentó no darle demasiada importancia, reconoce que con el paso del tiempo esos comentarios acabaron acomplejándola.
Además, ha recordado que durante las clases de Educación Física había ejercicios que no podía hacer por el dolor, pero que, aun así, se le exigía realizarlos. “El profesor me decía ‘lo tienes que hacer porque si no te suspendo’”, cuenta, lamentando la falta de comprensión que ha sufrido en distintos momentos de su vida.
El dolor también le ha afectado en los estudios y ahora en el trabajo. Nerea trabaja en la caja de un supermercado y ha explicado que tiene que ir cambiando de postura para poder aguantar la jornada. “Voy rotando mucho. Si estoy sentada media hora, ando 10 minutos, me vuelvo a sentar y dejo caer el pecho un rato sobre la caja, obviamente mientras no tengo clientes, durante 10 o 20 segundos para después poder seguir realizando el trabajo”.
Aun así, asegura que en su trabajo sí ha encontrado comprensión. “Allí la verdad que me entienden muy bien y son muy comprensivos con con el problema y con el dolor”, ha señalado.
Reclama una operación para poder hacer vida normal
Nerea ha explicado también el recorrido médico que ha seguido. Primero acudió al rehabilitador del hospital que le corresponde en Sanlúcar de Barrameda y, desde allí, fue derivada a San Fernando para ser valorada por el especialista en cirugía plástica y estética. Allí, según ha contado, le midieron la caída del pecho, la pesaron, comprobaron su índice de masa corporal y revisaron su columna vertebral.
La joven asegura que los médicos comprobaron que se le estaba desviando la columna y que cumplía los criterios exigidos para la operación. “Mi índice de masa corporal estaba dentro, porque era de 27 y algo. Además, la caída del pecho también cumplía los requisitos para operarme, ya que el mínimo es 30 y yo tengo 34 en uno y 33 en el otro. Es decir, también estaba dentro”, explica.
Sin embargo, pese a esas mediciones, la respuesta que recibió no fue la que esperaba. Después de pasar por una nueva valoración con varios médicos, ella y su madre esperaban que la operación fuese aprobada. Sin embargo, “cuando nos llegan la carta pone que no cumple los requisitos y justo arriba pone como que no tienen dinero para poder hacerlo, que no tienen recursos para poder hacerlo”.
Ahora, Nerea asegura que no le queda otra opción que seguir reclamando para que su caso vuelva a ser valorado. “Reclamar. Lo único que podemos hacer es reclamar, reclamar, reclamar que me miren una vez, otra vez, otra vez hasta que busquen alguna solución porque es que no puedo, no puedo vivir así. Es que no puedo”.