¿Sabías que cada átomo de carbono, oxígeno y nitrógeno que te compone no estaba ahí al principio de los tiempos? Tu cuerpo se "cocinó" literalmente en el corazón de una estrella masiva que explotó como supernova hace miles de millones de años.
Fue el divulgador Carl Sagan quien tomó este dato científico y le dio la vuelta… Si estamos hechos de materiales del cosmos y somos capaces de pensar, entonces nosotros somos la forma que tiene el universo de observarse a sí mismo.
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“Estamos hechos de materia estelar”
Esta idea nació el 28 de septiembre de 1980, en el primer episodio de la mítica serie Cosmos: A personal Voyage, emitida por la cadena pública estadounidense PBS. Aunque también se publica ese mismo año en el libro homónimo (Random House), capítulo 1, Las orillas del océano cósmico, la versión que Sagan muestra en pantalla, paseando por los acantilados de Big Sur, California, que es un poco más larga que la popular.
Antes de decir: “Somos una manera de que el cosmos se conozca a sí mismo”, afirma que “estamos hechos de materia estelar”. Las dos oraciones funcionan muy bien como pareja, una constatación física y su consecuencia.
El razonamiento físico detrás de la frase
La química del cosmos era ya, en 1980, un campo muy bien establecido. Los átomos pesados como el carbono y el oxígeno no existían en el universo primitivo, que estaba compuesto sobre todo de hidrógeno y helio. Estos elementos pesados se formaron en el interior de las estrellas a través de la nucleosíntesis estelar, y se dispersaron por el espacio cuando esas estrellas terminaron como supernovas.
Cualquier átomo de carbono que hoy forma parte de un cuerpo humano fue, entonces, forjado en el corazón de una estrella que ya existía antes que el sol. Es decir; si la materia que nos compone es estelar, entonces el cerebro humano es, química y estructuralmente, materia del universo organizada en una forma capaz de reflexionar sobre el universo.
Durante miles de millones de años el cosmos fue una colección de profesos físicos sin ningún observador, pero la aparición de seres conscientes introduce algo puramente nuevo: el universo deja de ser solo lo observado y se convierte también en lo que observa.
Por qué la frase ha sobrevivido cuatro décadas
La nucleosíntesis estelar está hoy mucho mejor estudiada que en 1980 gracias, entre otras cosas, al trabajo que hizo el telescopio James Webb, así como a los estudios de cúmulos globulares. La afirmación de Sagan se podría reescribir hoy en día con datos un poco más precisos, pero su lógica sigue intacta. Ningún hallazgo posterior la ha refutado.
Lo que el astrofísico estadounidense añadía como propuesta era un detalle ético. Si somos el universo conociéndose a sí mismo, entonces la curiosidad científica deja de ser un pasatiempo para convertirse en una auténtica responsabilidad.
Cada pregunta que la humanidad se permite no hacer es una parte del cosmos que renuncia a conocerse. Y es que este científico dedicó su carrera a enseñar a los ciudadanos del mundo lo que es la ciencia porque entendía que la respuesta a esa pregunta no la decidía él, sino que cualquiera que se la tomara en serio.