El de electricista, como el de albañil o la fontanería, es uno de esos oficios que han estado muy masculinizados durante años. Pero, ante la tremenda falta de relevo generacional y la altísima demanda de estos trabajos, cada vez está entrando más la mujer, abriendo una nueva vía para ocupar estos puestos que se une a la de los migrantes.
Casos como el de Nerea, una albañila a la que le costó sudor y lágrimas entrar en el sector de la construcción y que cuando decía que era mujer "la conversación se corta" al principio, son bastante comunes. Otro caso similar es el de Raquel, una profesional que lleva media vida haciendo instalaciones de electricidad y lidiando en primera persona con esta realidad.
La vocación de resolver averías frente al machismo
Raquel dirige junto a su marido una pequeña empresa de instalaciones eléctricas y, tras un cuarto de siglo en el sector, sigue chocando con barreras invisibles en su día a día. "Mucha gente sigue pensando que ayudo a mi marido", explica con cierta resignación, ya que "todavía escucho eso de 'bueno, tú le ayudas', como si yo no fuera la oficial". Encima, los prejuicios llegan a ser tan descarados a veces que "aún me preguntan cuándo voy a buscarme un trabajo de verdad".
Sin embargo, ella lo tuvo claro desde siempre. "Nunca me imaginé sentada delante de un ordenador", recuerda con cariño. Tal y como relata, "siempre me han gustado los trabajos manuales y resolver problemas". Aunque entrar a poner cables en las casas no fue un camino de rosas. "Muchas veces he tenido que escuchar comentarios de clientes que dudaban de mí solo por ser mujer", y hasta admite que "he oído muchas veces eso de que soy demasiado débil para este oficio". Pero entonces, el trabajo bien hecho habla por sí solo: "Cuando ven cómo trabajas y solucionas los problemas, cambia completamente la percepción".
Conciliación, falta de referentes y un oficio súper gratificante
Por otro lado, compaginar la maternidad con sus quehaceres en la obra ha sido un verdadero reto para esta profesional. "Llevo 25 años trabajando, pero de manera interrumpida porque tuve que parar durante los embarazos y los primeros meses de crianza", explica, aunque dejando claro que "me gusta muchísimo mi trabajo y siempre he querido seguir vinculada a él". Para que la situación mejore, ella sabe que hacen falta ejemplos a seguir, ya que "no conozco prácticamente mujeres que se dediquen a lo mismo que yo. No es que no quieran, es que muchas veces ni se plantean esa posibilidad".
Por eso, Raquel no duda en participar en charlas para estudiantes buscando romper esa brecha. "Muchas veces necesitan ver que otra mujer ya ha pasado por ahí", explica, lamentando que "yo no tuve referentes cuando empecé y eso hace todo más difícil". Para terminar, anima a las nuevas generaciones a ponerse a prueba en este mundillo tan demandado. "Es un oficio duro, claro, pero también muy gratificante", señala con orgullo, porque "cada día haces algo distinto y tienes la sensación de resolver problemas reales".