Los expertos de Harvard lo confirman: la IA no reduce el trabajo, lo intensifica

Expertas en la materia están investigando la intensificación del trabajo a causa de la IA, advirtiendo de la necesitad de implantar prácticas específicas en la empresa.

Un grupo de empleados en la oficina |Envato
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La Inteligencia Artificial (IA) está cambiando los entornos y dinámicos de trabajo. Es innegable su irrupción en la mayoría de sectores profesionales. Una llegada que promete reducir la carga de trabajo diario pero que, en la práctica, más bien la está intensificando. Al hacer que las tareas parezcan más rápidas y accesibles, los empleados terminan asumiendo un mayor volumen de trabajo. Una paradoja de la que se han hecho eco en la Universidad de Harvard.

La profesora asociada de gestión y organizaciones en la Haas School of Business de la Universidad de California en Berkeley y doctorada en el MIT, Aruna Ranganathan, y Xingqi Maggie, licenciada por el Imperial College de Londres, han sido las encargadas de realizar esta investigación adelantada en ‘Harvard Business Review’. Ambas advierten de que ese aumento de la productividad prometido es más complejo de lo que las empresas piensan.

Este estudio, de 8 meses, aborda cómo la IA generativa cambió la dinámica de trabajo en una empresa tecnológica con sede en Estados Unidos y unos 200 empleados, descubriendo que los empleados trabajaban a un ritmo más rápido, asumían un mayor número de tareas y ampliaban su jornada laboral, a menudo sin que se les pidiera.

Trabajo de menor calidad o mayor rotación, entre las consecuencias

En este caso, la compañía no les obligaba a usar la IA, sino que los empleados la utilizaban por iniciativa propia: “la IA hacía que ‘hacer más’ pareciera posible, accesible y, en muchos casos, intrínsecamente gratificante”. Aunque esto, a priori, pueda parecer bueno, las expertas señalan que se puede producir un aumento de la carga de trabajo silencioso que puede desembocar en una fatiga cognitiva, agotamiento y un debilitamiento de la capacidad de toma de decisiones.

“El aumento de la productividad que se disfruta al principio puede dar paso a un trabajo de menor calidad, a la rotación de personal y a otros problemas”, agregan.

Las formas en las que la IA intensifica el trabajo

En el estudio, ambas expertas han identificado tres formas principales de intensificación del trabajo debido a la Inteligencia Artificial. La primera de ellas es mediante la ampliación de tareas. Como la IA actúa como un puente a la hora de cubrir nuestras lagunas de conocimiento, motiva a los empleados a asumir funciones fuera de su especialidad.

Por ejemplo, en este caso, gerentes de producto o diseñadores comenzaron a escribir código, cuando era una tarea de los programadores e ingenieros. Aunque al principio esto se puede ver como algo positivo que reduce la dependencia de terceros, en la práctica genera una sobrecarga silenciosa y un “efecto dominó” en los especialistas.

Detrás de ese “voy a probar cosas”, se acaba absorbiendo un volumen de tareas que, en circunstancias normales, justificaría subcontratar o contratar personal adicional. Por su parte, en cuanto al “efecto dominó”, esta expansión de roles crea un trabajo oculto para los verdaderos expertos. Los ingenieros y técnicos vieron aumentada su carga laboral, ya que acaban invirtiendo una gran cantidad de tiempo en revisar, corregir y orientar informalmente el trabajo “hecho por intuición” con la ayuda de la IA por sus compañeros de otros departamentos.

La segunda forma de intensificación es por los límites difusos entre el trabajo y el tiempo libre. La extrema facilidad y el formato de “chat” de la IA provocan que el trabajo invada silenciosamente los momentos de desconexión. Los empleados adquieren el hábito de enviar prompts rápidos durante sus pausas, almuerzos o al final de la jornada. En consecuencia, el trabajo se vuelve una presencia omnipresente, alargando la jornada sin intención y provocando que el tiempo libre pierda su capacidad de recuperación real.

En último lugar, nos encontramos con “más multitarea”. Al percibirse la IA como un “compañero” que trabaja en segundo plano, los empleados empiezan a gestionar múltiples procesos simultáneamente. Sin embargo, esta dinámica obliga a fragmentar la atención constantemente para comprobar los resultados de la inteligencia artificial, lo que genera un gran cansancio mental. Paradójicamente, en lugar de reducir el estrés, esta falsa sensación de súper-productividad termina normalizando un ritmo de trabajo mucho más rápido y creando una mayor presión diaria.

Prácticas de IA para frenar la intensificación

La incorporación de la IA genera un círculo vicioso: al acelerar las tareas, se elevan las expectativas de velocidad, lo que empuja a los empleados a depender más de la herramienta y a expandir su volumen de trabajo. Lejos de ganar tiempo libre, terminan trabajando igual o más que antes.

Aunque a corto plazo esta “expansión” voluntaria del trabajo parece un éxito para las empresas, oculta una sobrecarga cognitiva. Si los líderes la ignoran, a largo plazo se traducirá en empleados agotados, un aumento de errores y una peor toma de decisiones, según las expertas.

La solución para evitar esta intensificación es que las organizaciones implementen las “prácticas de IA”, un cojunto de normas que estructuren cómo usar estas herramientas, limiten la expansión descontrolada del trabajo y definan claramente cuándo es momento de desconectar. Sobre estas prácticas, las expertas establecen tres pilares en las que deben fundamentarse.

  • Pausas intencionadas: Introducir descansos breves y estructurados en el flujo de trabajo para evaluar decisiones y reconsiderar suposiciones. Estas pausas actúan como un freno necesario frente a la aceleración descontrolada, mejorando la calidad del trabajo y previniendo el agotamiento.
  • Secuenciación de tareas: Regular cuándo se avanza, no solo a qué velocidad. En lugar de reaccionar compulsivamente a cada resultado de la IA, las empresas deben proteger los periodos de concentración y agrupar tareas. Esto reduce la fragmentación de la atención y el cambio de contexto constante, que suele ser agotador.
  • Proteger la base humana: El trabajo con IA tiende a ser individual y aislante, por lo que es muy importante blindar espacios para el diálogo y la conexión entre compañeros. El intercambio social no solo alivia la carga mental, sino que es el verdadero motor de la creatividad, aportando las múltiples perspectivas que una herramienta no puede ofrecer.

A modo de conclusión, las expertas señalan que el verdadero reto para las empresas no es decidir si la IA cambiará su forma de trabajar, sino tomar las riendas para moldear ese cambio antes de que la tecnología las moldee a ellas en silencio.

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