El trabajo está pasando factura a los más jóvenes. Ocho de cada diez empleados de entre 20 y 29 años aseguran que su empleo afecta negativamente a su salud mental, según el II Estudio sobre Bienestar y Salud Laboral en España, elaborado por Edenred con la colaboración de Savia, siendo la Generación Z el grupo más tocado por el desgaste emocional dentro del mercado laboral.
El dato es especialmente llamativo porque no habla solo de momentos puntuales de cansancio. Del 80,2% de jóvenes que reconoce ese impacto, un 29,4% dice sufrirlo de forma directa y constante, mientras que otro 50,8% lo nota en determinadas épocas del año, según recoge Infobae. Solo el 19,8% afirma que el trabajo no le afecta a su estabilidad emocional.
Entre los síntomas más habituales aparecen problemas que ya forman parte del día a día de muchos trabajadores jóvenes. El 52% sufre estrés, el 48,2% tiene dificultades para desconectar fuera del horario laboral y el 44,1% reconoce tener ansiedad. Además, el 38,9% habla de síntomas depresivos o agotamiento, y el 36,7% asegura que el trabajo le provoca insomnio.
Los jóvenes son los que más notan el desgaste
Si comparamos con otras generaciones, hay bastante diferencia. Entre los Millennials, de 30 a 45 años, el impacto del trabajo en la salud emocional ronda el 75%; mientras que en la Generación X, de 46 a 61 años, baja hasta el 62%; y entre los Baby Boomers, de 62 a 65 años, se queda por debajo del 50%.
Es decir, cuanto más joven es el trabajador, más reconoce que el empleo le está afectando emocionalmente. Aunque puede influir que las nuevas generaciones hablen más abiertamente de salud mental, el informe también refleja una realidad laboral que muchos jóvenes identifican con presión, falta de desconexión y pocas garantías de mejora.
Sin embargo, el desgaste tampoco se queda solo en lo psicológico. Casi la mitad de la Generación Z, el 49,1%, afirma que su jornada laboral empeora sus hábitos alimenticios, por encima de la media general, que está en el 40,5%. El estudio también apunta al sedentarismo como otro problema creciente, en el que 4 de cada 10 profesionales tienen ya jornadas completamente sedentarias.
Más de la mitad se plantea cambiar de empresa
Pero este malestar tiene una consecuencia directa, ya que la mayoría de los jóvenes no se ven mucho tiempo en su empresa actual. El 52,6% de la Generación Z se plantea cambiar de compañía en los próximos 12 o 24 meses si no mejora su compensación, el porcentaje más alto de todos los grupos de edad analizados.
Y no se trata solo de cobrar más, aunque el sueldo sigue siendo clave. Los jóvenes también miran cada vez más la flexibilidad, los beneficios y las medidas de bienestar. Es decir, quieren que la empresa les compense mejor, pero también que les permita vivir un poco mejor fuera del trabajo.
En la retribución flexible, los beneficios más valorados por los menores de 30 años son los que se notan rápido en el bolsillo, como el seguro médico, que aparece en primer lugar, con un 24,6%, seguido del Ticket Restaurant, con un 20,2%, y las ayudas a la movilidad, con un 20%.
El salario emocional ya no es un extra
El llamado salario emocional también gana peso. Este concepto incluye beneficios no económicos que pueden hacer más llevadero el trabajo, como la flexibilidad, los espacios de descanso o los servicios de bienestar. Según el estudio, los jóvenes valoran los espacios de descanso y desconexión, con un 38,1%, y los servicios de psicología o nutrición, con un 20,7%.
El problema es que no basta con ofrecer estos servicios. El informe advierte de que muchos empleados siguen teniendo miedo a la falta de privacidad cuando se trata de pedir ayuda relacionada con la salud mental. Es decir, pueden existir recursos dentro de la empresa, pero si el trabajador no confía en que su uso será confidencial, es probable que no los utilice.