Hay jefes que deciden recompensar a sus empleados de una forma especial, como compartiendo un premio de lotería, pero otros que van mucho más allá y deciden recompensar los años de trabajo tras vender la empresa. Es lo que hizo un empresario de Luisiana en Estados Unidos, que, tras cerrar la venta por 1.700 millones de dólares (unos 1.454 millones de euros), estableció como condición que parte del dinero acabara en manos de sus empleados.
En concreto, los 540 trabajadores a tiempo completo comenzaron a recibir 240 millones de dólares, unos 205 millones de euros, en bonificaciones. Cada empleado recibió, aproximadamente, 379.000 euros, aunque quienes llevaban más años en la empresa recibieron cantidades superiores, según se informó en The Wall Street Journal.
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El empresario quiso recompensar así la fidelidad de una plantilla que permaneció en la compañía durante años complicados, en los que incluso tuvieron que reducir drásticamente el número de trabajadores. Cuando comenzaron las negociaciones con posibles compradores, dejó clara la condición de que el 15% de las ganancias de cualquier venta debía destinarse a los empleados.
Les pareció justo recompensar a los empleados por años de dedicación a la empresa
La compañía había atravesado numerosas dificultades desde su fundación. En 1998, un incendio destruyó por completo la fábrica y, años después, una crisis obligó a reducir la plantilla de unos 900 trabajadores a cerca de 320.
Muchos empleados decidieron quedarse y el empresario les había prometido que también se beneficiarían si algún día la compañía alcanzaba un gran éxito. Finalmente, el crecimiento de los centros de datos y de la inteligencia artificial disparó el negocio, cuyas ventas aumentaron casi un 400% en cinco años.
Cuando llegó el momento de vender, cumplió aquella promesa. “Nos pareció justo que los empleados tuvieran cerca de 250 millones de dólares en sus manos”, explicó. También reconoció que quería hacer “algo bueno” por una comunidad que durante años había visto cómo desaparecían empleos y empresas.
Algunos trabajadores pensaron que estaban gastándoles una broma
Las reacciones llegaron cuando los trabajadores recibieron las cartas con las cantidades que les correspondían. Algunos rompieron a llorar y otros llegaron a preguntar si aquello era falso.
“Fue surrealista, como decirles a las personas que habían ganado la lotería. Hubo una conmoción absoluta”, explicó uno de los responsables que participó en la entrega de las bonificaciones.
El dinero ya ha permitido a algunos empleados pagar sus hipotecas, reducir deudas, ahorrar para la jubilación o financiar los estudios de sus hijos. Una trabajadora que comenzó en la empresa en 1995 cobrando 5,35 dólares la hora pudo terminar de pagar su casa y abrir una tienda de ropa. “Antes vivíamos al día, de cheque en cheque. Ahora puedo vivir; estoy agradecida”, aseguró.
El empresario solo les pidió a cambio una cosa, que algún día le cuenten lo que ese dinero supuso para sus vidas. “Espero tener 80 años y recibir un correo electrónico sobre cómo ha afectado a alguien”, afirmó el empresario.