Parece que el dinero en efectivo estaba destinado a desaparecer, viendo como cada vez era sustituido por más formas de pago electrónicas diferentes (tarjeta, app wallet en el smartphone, reloj inteligente,…), pero tras las últimas crisis bélicas y energéticas que está viviendo el mundo esta idea está cambiando. Ya hasta grandes organismos como el Banco Central Europeo, respaldado por economistas como Niño Becerra, recomiendan tener dinero en efectivo guardado en casa. En este sentido, Suecia ha decidido dar un giro a su modelo de pagos y hacer caso de esta última dinámica. El Gobierno ha presentado un proyecto de ley que obligará a supermercados y farmacias a aceptar dinero en efectivo, una práctica cada vez menos habitual en uno de los países más digitalizados del mundo.
La medida llega en un contexto en el que muchos ciudadanos llevan años sin usar billetes ni monedas, ya que la mayoría de los comercios no los aceptan y los pagos se realizan casi exclusivamente con tarjeta o a través de aplicaciones móviles, según avanza el medio France24.
Esta transición hacia una economía prácticamente sin efectivo también ha afectado al sistema bancario. En Suecia, gran parte de las sucursales ya no permite retirar ni ingresar dinero en metálico, lo que ha empujado a los clientes a operar casi exclusivamente mediante servicios digitales. No es el primer país europeo que impulsa una idea así, ya que recientemente vimos como Países Bajos lanzaba una propuesta similar para obligar a aceptar pagos en efectivo e partir de 2027 en determinados locales o comercios.
Sin embargo, esta dependencia tecnológica ha empezado a generar preocupación en las autoridades, como veníamos diciendo. A principios de marzo, el banco central sueco en consonancia con el anuncio del BCE, también recomendó a los hogares mantener una reserva de efectivo de unas 1.000 coronas (alrededor de 93 euros) por adulto, suficiente para cubrir una semana de gastos básicos.
El efectivo, clave ante crisis o fallos del sistema
Esta recomendación no viene de la nada, y es que desde el organismo avisan de que se debería contar con varias formas de pago, tales como el efectivo, las tarjetas y otras soluciones digitales (como puede ser el móvil con una app tipo wallet). Esto es porque nunca se sabe cuándo podría ocurrir una nueva interrupción del servicio de energía o de Internet como la que vivimos en el apagón en España.
En esta línea, el nuevo proyecto de ley no solo obligará a supermercados y farmacias a aceptar efectivo, sino que también exigirá a los bancos facilitar los depósitos en metálico y garantizar que empresas y comercios puedan ingresar su recaudación diaria.
El objetivo es reforzar la resiliencia del sistema de pagos y evitar que una sociedad completamente digital quede expuesta ante cualquier incidente que limite el acceso a medios electrónicos.
Una digitalización rápida con riesgos sociales
Suecia es uno de los países donde más ha caído el uso del efectivo. Según datos oficiales, la cantidad de dinero en circulación se ha reducido casi a la mitad desde 2008, reflejo de una transformación acelerada hacia lo digital.
Pero este cambio no está exento de consecuencias. El ministro de Administración Pública, Erik Slottner, ha advertido de que esta digitalización tan rápida también conlleva riesgos, especialmente en términos de inclusión.
Uno de los principales problemas es la exclusión digital, que afecta sobre todo a las personas mayores o a quienes tienen más dificultades para adaptarse a las nuevas tecnologías. Para este colectivo, el dinero en efectivo sigue siendo una herramienta esencial en su día a día.
Por ello, el Gobierno considera “importante reforzar el nivel de preparación” del país garantizando que servicios básicos como supermercados y farmacias sigan aceptando pagos en metálico. Aunque la ley aún debe superar su tramitación parlamentaria, el debate ya marca un cambio de rumbo en uno de los países más avanzados en pagos digitales.