Estar trabajando toda la vida no es sinónimo de tener una buena pensión, y sino que se lo digan a los jubilados españoles anticipadamente, que con los coeficientes reductores muchos pierden una gran parte de su pensión. Esto ocurre también en cierta manera en nuestro país vecino, Francia, donde un caso ha llamado la atención de propios y extraños. Es el de una cajera de supermercado que, después de 39 años atendiendo al público, ha descubierto lo que le queda de pensión y se ha echado las manos a la cabeza. La pequeña cantidad de 800 euros al mes.
Y esto no es precisamente porque haya trabajado poco, casi 40 años de servicio, o porque cobrara poco, ya que tenía una nómina mensual de 1.946 euros nada más y nada menos. “Nunca me he tomado largas vacaciones, ni largos periodos de tiempo libre, ni siquiera para criar a mis hijos", recuerda para el medio de Países Bajos, Perfolax.
En Francia el sistema de pensiones tiene una serie de reglas de cálculo complejas que hace que muchos trabajadores descubran al final de su carrera que la jubilación que soñaban no será posible. La pensión que les queda al final depende de varios factores, como los años de cotización, el salario medio de los mejores años, y los periodos de desempleo o baja médica, que pueden afectar negativamente al cómputo total. Para aquellos que no disfrutaron de salarios altos, el resultado puede ser un subsidio por jubilación bastante bajo.
Tal y como detalla Perfolax, la ex cajera se vio obligada a continuar trabajando después de jubilarse oficialmente para poder mantener unos ingresos mínimos. La falta de recursos económicos la empujó a aceptar empleos ocasionales con los que completar su pensión. “Me di cuenta de que no podía permitirme el lujo de quedarme sin hacer nada", relata resignada. Su caso no es aislado y refleja una situación cada vez más frecuente entre muchos trabajadores europeos.
Con este panorama, los expertos en Francia insisten en la importancia de contar con planes de pensiones privados o sistemas de ahorro complementario que permitan afrontar la jubilación con mayor tranquilidad económica. Una realidad que también pone el foco sobre el sistema de pensiones en España y las dificultades a las que se enfrentan muchos jubilados para mantener su nivel de vida tras retirarse.
Así funcionan las pensiones en España
El sistema español de pensiones públicas se basa principalmente en dos factores: la base reguladora y los años cotizados. Para calcular la pensión, la Seguridad Social tiene en cuenta las bases de cotización de los últimos 25 años trabajados, ajustando las más antiguas conforme al IPC. A partir de esa cifra se determina la base reguladora, sobre la que después se aplica un porcentaje en función del tiempo cotizado.
Actualmente, para cobrar el 100% de la pensión es necesario haber cotizado 36 años y 6 meses, mientras que quienes no alcancen ese periodo reciben una cuantía proporcionalmente inferior. Además, la edad ordinaria de jubilación continúa aumentando progresivamente. En 2025 podrán jubilarse a los 65 años quienes hayan cotizado al menos 38 años y 3 meses; en caso contrario, deberán esperar hasta los 66 años y 8 meses.
Los coeficientes reductores y el problema de la jubilación anticipada
Uno de los aspectos que más preocupa a muchos trabajadores son los llamados coeficientes reductores, aplicados cuando una persona decide jubilarse antes de la edad ordinaria. Estos coeficientes funcionan como una penalización que reduce la cuantía de la pensión de manera permanente.
La jubilación anticipada permite retirarse hasta dos años antes de la edad legal, pero hacerlo puede implicar recortes importantes en la pensión mensual. El porcentaje de reducción depende tanto del tiempo adelantado como de los años cotizados. Cuanto menor sea la carrera de cotización y más anticipada sea la jubilación, mayor será la penalización.
Este sistema supone un problema para miles de jubilados, especialmente para quienes han tenido carreras laborales inestables, salarios bajos o han sido expulsados del mercado laboral en edades cercanas a la jubilación. Muchos trabajadores se ven obligados a retirarse antes de tiempo por despidos, problemas de salud o falta de oportunidades laborales, asumiendo después una pensión considerablemente más baja durante toda su vida.
Además, las reformas aprobadas en los últimos años seguirán modificando el sistema. Desde 2026, los trabajadores podrán elegir entre calcular la pensión con los últimos 25 años cotizados o con los últimos 29 años descartando los dos peores, una medida que se implantará gradualmente hasta 2044.
Con todas estas variables, entender cómo funciona la jubilación resulta cada vez más importante. Tener en cuenta los requisitos, las posibles penalizaciones y los cambios previstos puede evitar sorpresas desagradables en el momento del retiro. Mientras tanto, la incertidumbre sobre el futuro de las pensiones sigue siendo una de las grandes preocupaciones de los trabajadores actuales y de las próximas generaciones de jubilados.