Cuando sube el precio de la gasolina, muchos conductores señalan directamente a las estaciones de servicio. Ven el importe en el surtidor, comparan con semanas anteriores y piensan que las gasolineras ganan más dinero cada vez que el combustible se encarece. Sin embargo, María Yélamos, gerente de dos gasolineras en Almería, asegura que esa idea no refleja lo que ocurre dentro del negocio.
María gestiona dos estaciones de servicio familiares, una en El Solanillo y otra en San Agustín. Cada mañana revisa los niveles de combustible para saber si tiene que hacer un pedido y comprobar cómo están los depósitos. Una tarea que, según explica a NoticiasTrabajo, se ha vuelto mucho más complicada con las subidas de precio de los últimos meses.
“La gente se piensa que, como nosotros somos la cara que está recibiendo el combustible antes de ponerlo al público, nos estamos beneficiando de esta subida de precio”, afirma. Pero, según asegura, no es así. “Para nada, yo lo estoy comprando más caro”.
Una cisterna de 32.000 litros le costó 7.000 euros más
María explica que la subida del combustible también afecta directamente a las gasolineras, porque antes de vender al cliente tienen que comprarlo. Es decir, cuando el precio sube, ellas también pagan más por llenar sus depósitos.
El ejemplo más claro lo vivió tras el inicio de la guerra. Según cuenta, pocos días después, una cisterna de 32.000 litros le costó 7.000 euros más por la diferencia de precio, y esa cantidad, añade, no es algo que pueda pagar después de vender el combustible, sino antes de recibirlo. “Lo he tenido que pagar al contado antes de que me venga un camión”, afirma.
Después, el cliente ve el precio final en el surtidor y siente el impacto en su bolsillo, pero la gasolinera también ha tenido que adelantar una cantidad mucho mayor para poder ofrecer ese combustible. “El cliente lo ve y dice, madre mía, si está a 1,8 el diésel, casi como la 98”, cuenta, pero recuerda que, antes de que ese cliente reposte, la estación ya ha pagado el producto más caro.
“El beneficio está muy repartido” por la competencia y las low cost
María reconoce que las gasolineras tienen que obtener un margen, “como cualquier persona que tiene un negocio”, pero niega que se estén “poniendo las botas” con cada subida. Según explica, el beneficio en combustible es ajustado y no tiene nada que ver con la percepción que muchas veces se tiene desde fuera. “Se piensa la gente que te lucras, pero qué va”, afirma.
De hecho, sostiene que actualmente el margen está muy repartido por la competencia, la crisis, las estaciones low cost y el aumento de gasolineras en muchas zonas, y aunque antes podía pensarse que una gasolinera era un negocio con grandes beneficios, la situación ha cambiado. “Ahora les pasa como a las farmacias, en cada esquina hay una gasolinera”, señala, y eso hace que la competencia sea mayor y que el beneficio no sea tan alto como muchas personas imaginan.
En su caso, asegura que la tienda ha ganado cada vez más peso dentro del negocio. “Donde más está empezando a facturar una persona es con el minimarket”, explica María, que señala que muchas estaciones de servicio ya no dependen solo del combustible, sino también de todo lo que venden en tienda.
Por eso dedica parte de su jornada a revisar productos, pedidos, proveedores y novedades con las que diferenciarse de otras gasolineras. Cuenta que intenta traer artículos que no se encuentran en otros establecimientos y darles visibilidad en redes sociales, algo que ya empieza a notar porque hay “gente que viene de otros sitios a buscar lo que yo he traído aquí”. En cuanto al margen, señala que en la tienda suelen ganar alrededor de “un 30%” en los productos.
Este artículo forma parte de ‘Un día trabajando…’, la serie de NoticiasTrabajo en YouTube en la que nos adentramos en distintas profesiones y sectores para conocer cómo es una jornada laboral desde dentro, sus condiciones y los aspectos menos conocidos de cada oficio.