El precio de la vivienda en España y el incremento de la cesta de la compra ha puesto contra las cuerdas a muchos jóvenes que intentan independizarse, sobre todo en ciudades como Madrid, donde cobrar menos del salario mínimo suele hacer casi imposible llegar a fin de mes. Sin embargo, la situación cambia cuando los principales gastos están cubiertos, como ocurre en el caso de Juan Orduña, un sacerdote de 27 años que acaba de comenzar su ministerio.
Juan fue ordenado el 24 de mayo de 2025, cuando tenía 26 años, y desde entonces ejerce como sacerdote en Madrid, su ciudad natal. En una entrevista en el pódcast ‘La Pera de Jobs’, el joven cura ha contado cuánto cobra, cómo organiza sus gastos y qué implica, en la práctica, dedicarse por completo a la Iglesia.
“Cobramos menos que el sueldo mínimo”, asegura, detallando que su remuneración mensual no llega a los 1.200 euros. Y aunque no es una cantidad elevada para vivir en la capital, en su caso reside en una vivienda habilitada para sacerdotes y no tiene que asumir uno de los gastos que más preocupan a los jóvenes de su edad.
Una nómina baja, pero con los principales gastos cubiertos
“Yo no tengo que pagar piso, no tengo que pagar luz, no tengo que pagar agua”, señala Juan, lo que le permite destinar el dinero que recibe a otras necesidades diarias, como la comida, el transporte o sus gastos personales.
El sacerdote sostiene que la cantidad le basta para llevar una vida sencilla y tranquila, asegurando que “tampoco tengo grandes lujos, pero sí me da para invitar gente a comer”. De hecho, apunta que tras descontar las cotizaciones correspondientes, consigue organizarse sin demasiados problemas. “No voy mal, uno llega bien”, señala.
Su caso muestra hasta qué punto el coste de la vivienda condiciona la economía personal. Aunque su ingreso esté por debajo del salario mínimo, no pagar alquiler reduce considerablemente sus gastos mensuales y le permite mantener un nivel de vida que, con las mismas condiciones salariales, sería difícil de sostener para cualquier joven independizado en Madrid.
Disponible las 24 horas, pero también con vacaciones
Juan también ha hablado de su horario, que poco tiene que ver con una jornada laboral convencional. Cuando le preguntan cuánto trabaja, responde que está disponible “24/7”, es decir, las 24 horas del día y los siete días de la semana.
Sin embargo, eso no significa, según aclara, que no tenga tiempo para descansar. “Yo estoy 24/7, pero, hombre, yo también descanso”, matiza. Según cuenta, dispone de 30 días de vacaciones al año, “como cualquier otra persona”, además de siete jornadas destinadas a ejercicios espirituales.
Estos retiros forman parte de la vida religiosa y están vinculados a una tradición impulsada por San Ignacio de Loyola en el siglo XVI. Pero para Orduña, ese tiempo no funciona como unas vacaciones al uso, sino como un periodo de reflexión y recogimiento dentro de sus obligaciones como sacerdote.