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Se muda y pasa a ser amo de casa para que su mujer de 80 años pueda estudiar en Cambridge: “merece la pena para ver cómo se hacen realidad sus sueños”

Afirma que renunciar a una parte de la vida para que el otro pueda cumplir su sueño es “el mejor regalo que se le puede hacer a un ser querido”.

Barry Rueger y su mujer Susan
Barry Rueger y su mujer Susan |Business Insider
Esperanza Murcia
Fecha de actualización:

Una pareja siempre debe apoyarse. Y es lo que Barry Rueger está haciendo. Su mujer Susan, antes de cumplir 80 años, fue admitida en un máster en la Universidad de Cambridge, en Reino Unido, una de las más prestigiosas del mundo. Así no podían perder esta oportunidad “única en la vida” y, aunque ella ya era titulada, se mudaron para que pudiera realizarlo. 

“Perseguir este sueño ha sido todo un reto. No solo parece casi imposible completar un máster en tan solo nueve meses, sino que además nos hemos mudado temporalmente”, cuenta Barry, quien agrega que, aunque su esposa nació en Reino Unido, se le considera estudiante internacional y por ello tanto la matrícula como las tasas de este título ascienden “a decenas de miles de dólares”.

Aun así, deja claro que su papel es apoyarla, a pesar de las dificultades que están sobrepasando: “Nuestros ingresos se han reducido y yo me he hecho cargo de todas las tareas del hogar”, sigue relatando para Business Insider. Anteriormente, asegura que ambos han estado trabajando “a menudo” los siete días de la semana. Ahora, como ella está centrada en sus estudios, y sus opciones de trabajar son muy limitadas al tener una VISA de turista, Bart se ha convertido “en una especie de amo de casa”.

“Toda mi vida gira en torno a los horarios y necesidades de Susan, mis objetivos han pasado a un segundo plano”

Así es el nuevo día a día de Barry: “Cocino, limpio y hago la compra. Lavo la ropa y tengo cuidado de no meter las prendas más delicadas de Susan en la secadora. Saco la basura y los residuos reciclables, recojo y devuelvo los libros en la biblioteca de la universidad, y anoto en mi agenda las reuniones, las citas y las visitas al médico”.

Hasta ahora, siempre habían compartido estas tareas, pero ahora aclara que son “casi exclusivamente cosa mía, mientras ella se centra en sus estudios”.

Un nuevo hobby para encontrar su sitio en Cambridge

Para Barry, según cuenta al citado medio, está siendo difícil encontrar su sitio. Cambridge es una ciudad para estudiantes y profesores y, como no encaja en ninguna de esas categorías, le excluyen de todo tipo de eventos e incluso instalaciones.

“Lo peor para mí fue darme cuenta de que, al no formar parte de la universidad, tampoco solía encajar en las conversaciones. Cuando conozco a alguien de la zona, la pregunta que siempre me hacen para romper el hielo es: ‘¿Qué estudias?’”, se lamenta, añadiendo que solo podía responder “soy el marido de Susan”.

“Al cabo de tres o cuatro meses me di cuenta de que esa falta de un lugar al que pertenecer o de un papel que desempeñar me estaba haciendo terriblemente infeliz. Susan estaba totalmente absorta en sus estudios, y no podía, en conciencia, esperar que ella solucionara esto”.

Por ello, el día que cumplió 70 años, se busco un hobby: ir a clases de vuelo sin motor. No obstante, afirma que estas clases deben adaptarse igualmente a la vida de Susan y que, como en Cambridge no tienen coche, tiene que encontrar a alguien que le pueda llevar, ya que el aeródromo está a 45 minutos de la residencia de estudiantes donde viven.

“Como me aleja de Susan y me consume gran parte de mis escasos ingresos, el vuelo sin motor también me hace sentir culpable”, señala, explicando que aunque le encanta volar por encima de la campiña inglesa, no deja de recordar que están aquí por su mujer, no por él. “Incluso entre los pilotos, me veo rodeado de jubilados de la universidad y de estudiantes de su club de vuelo sin motor. Una vez más, no encajo del todo en ninguno de los dos grupos”.

Todo merece la pena

A pesar de todo, Barry asegura que “merece la pena soportar estas molestias temporales para ver cómo se hacen realidad los sueños de mi mujer”. En este sentido, cuenta que siempre se han apoyado mutuamente en sus pasiones, afirmando que es lo que ha hecho que su matrimonio siempre funcione, pero esta situación ha supuesto un reto.

Un reto que es temporal y, dentro de unos meses, cuando vuelvan a Canadá, una vez que Susan haya terminado el máster, podrá seguir con su trabajo como escritor y ella volverá a dar clases. Sobre todo, espera poder terminar sus memorias, donde analiza la vida de su madre como esposa de su padre. “Al igual que yo en esta época, ella no tenía trabajo y disponía de menos dinero del que realmente necesitaba. Estaba confinada en casa como ama de casa, cocinando, limpiando y criándonos a nosotros, los niños”, explica.

“Mi madre trabajaba sin descanso para asegurarse de que fuéramos felices y estuviéramos a salvo. Al igual que ella, estoy haciendo todo lo posible por apoyar a alguien a quien quiero”, expone, concluyendo que la lección que ha sacado de Cambridge es que esto es “el mejor regalo que se le puede hacer a un ser querido”.

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