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Reforma su casa para construir un espacio de teletrabajo y el ayuntamiento ordena su demolición porque los vecinos se quejan de que parece “bar privado”

Los vecinos denuncian ruido, pérdida de privacidad y aseguran que la construcción no es una oficina como se declaró.

Una imagen del espacio de teletrabajo
Una imagen del espacio de teletrabajo |Envato
Lucía Rodríguez Ayala
Fecha de actualización:
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Los conflictos por obras en viviendas suelen empezar con pequeños cambios, pero pueden acabar en auténticas guerras vecinales. En este caso, la reforma de la casa para construir un espacio de teletrabajo, terminó con las denuncias y quejas de los vecinos porque parecía más un bar y el ayuntamiento ordenó su demolición por no tener permisos para construirlo y afectar a la calidad de vida del vecindario. 

El propietario, un empresario de 40 años, construyó una caseta en el jardín de su vivienda en Marton-in-Cleveland (Reino Unido). Según la información publicada por Daily Mail, defendió ante el ayuntamiento que la instalación respondía a la necesidad de contar con un espacio para “trabajo en casa y vida flexible”. Sin embargo, los vecinos sostienen que el uso real es muy distinto.

“Parece un bar y cuando se usa hay niveles de ruido inaceptables”, denunció uno de los residentes en su escrito al consistorio. Según varios testimonios, el espacio genera molestias constantes debido al ruido y al efecto acústico del cristal, que amplifica el sonido hacia las viviendas cercanas.

Una construcción sin permiso y demasiado cerca del vecino

El problema, según las quejas vecinales no es solo el uso, sino también la ubicación. La estructura, de unos 3,5 por 5 metros y casi tres metros de altura, fue construida a apenas 20 centímetros de la valla del vecino.

La normativa urbanística de la zona establece que las construcciones de más de 2,5 metros de altura situadas a menos de dos metros del límite de la propiedad requieren autorización específica. En este caso, el propietario no solicitó permiso previo, por lo que intentó regularizar la situación posteriormente.

El ayuntamiento rechazó conceder ese permiso de forma retroactiva. Aunque reconoció que el diseño no era de baja calidad, concluyó que el impacto sobre los vecinos era significativo, calificando la construcción como “dominante” y “opresiva”, al afectar a su calidad de vida.

Denuncias vecinales y recurso del propietario

Las quejas de los vecinos han sido determinantes, y es que algunos aseguran haber sufrido estrés, pérdida de privacidad e incluso interrupciones en su descanso. Una residente explicó que, debido al ruido, tuvo que quedarse en casa de familiares para poder dormir entre turnos de trabajo nocturnos.

Otra vecina denunció que la caseta invade visualmente su vivienda y su jardín, alterando completamente su entorno. También se ha señalado que la construcción no encaja con el resto de propiedades de la zona.

Por su parte, el propietario ha recurrido la decisión y defiende que no ha cometido ninguna irregularidad. “No creo haber hecho nada mal”, afirmó. Sus asesores sostienen que la estructura apenas supera los límites legales y que su ubicación fue pensada para minimizar el impacto.

Ahora, la decisión final está en manos del organismo de planificación, que deberá determinar si se mantiene la orden de demolición o si finalmente se permite conservar la construcción.