Es una estampa muy habitual en los barrios y pueblos de España: ver a un gato callejero y sentir la tentación de cogerlo para meterlo en casa o llevarlo a un refugio pensando que le estamos haciendo un favor. Sin embargo, con la Ley de Bienestar Animal en la mano (la Ley 7/2023 publicada en el BOE), esta acción puede salir muy cara. La normativa estatal prohíbe expresamente llevarse a estos animales de sus zonas habituales.
En España se calcula que viven más de 2,5 millones de gatos callejeros repartidos en unas 100.000 colonias controladas o censadas por los ayuntamientos. Para protegerlos, el artículo 42.6 de la ley establece que está prohibido retirarlos de su entorno, salvo que se cumpla alguna de las siguientes tres excepciones: que el animal esté herido o enfermo y ya no pueda valerse por sí mismo en libertad; que esté totalmente acostumbrado a los humanos y que se retire exclusivamente para ser adoptado. Que sean crías en edad de socialización (es decir, lo suficientemente jóvenes como para acostumbrarse a vivir con personas) que vayan a ir a un hogar de adopción.
¿Por qué está mal llevárselos de la calle?
La ley no prohíbe tocar a los gatos por capricho, sino basándose en razones científicas y de bienestar animal:
- No son mascotas comunes: El gato callejero adulto ha nacido y crecido libre y no está adaptado a los humanos. Meterlo en un piso o en una jaula no es "salvarlo"; le provoca un pánico y un estrés tan extremos que puede enfermar o morir por el shock. Su casa es la calle.
- El "Efecto Vacío": La biología demuestra que si quitas a los gatos de un punto del barrio, dejas una zona libre con comida y refugio. En poco tiempo, otros gatos de los alrededores vendrán a ocupar ese sitio y se reproducirán aún más rápido. Quitar gatos de la calle no soluciona el problema, solo crea un círculo vicioso.
El método CER: la única vía legal y eficaz
Para controlar la población de felinos, la Ley de Bienestar Animal obliga a los municipios a utilizar el llamado método CER (Captura, Esterilización y Retorno). Este sistema consiste en dejar a los gatos en su colonia, pero de forma controlada: se les captura de manera segura, el veterinario los esteriliza para que la población baje poco a poco de forma natural, y se les vacuna y desparasita antes de devolverlos a su calle.
Un gato de colonia que ya está esterilizado no genera peleas por las noches, no maúlla por el celo y, además, ayuda al barrio controlando de forma natural las plagas de ratones o insectos.
Multas de hasta 50.000 euros
Llevarse a un gato sano y libre de una colonia rompe por completo estos planes de control de los ayuntamientos y daña el equilibrio del grupo de animales. Por eso, el artículo 74.n de la ley califica el desplazamiento, retirada o reubicación no autorizada de un gato comunitario como una infracción grave.
Si la Policía Local o la Guardia Civil te pillan llevándote a un gato de la calle fuera de los casos permitidos, la sanción económica es contundente: las multas van desde los 10.001 euros hasta un máximo de 50.000 euros.

