Paco, alcalde, policía y personal de mantenimiento es el único habitante de una aldea: “La gente como yo estamos en peligro de extinción. Cuando termine yo, se acabó el pueblo”

Vive solo en un caserío de 14 viviendas de Santiago-Pontones, hace la compra una vez al mes y asegura que no cambiaría su vida en plena naturaleza pese al aislamiento

Imagen de la localidad de Santiago-Pontones desde arriba. |Wikipedia
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En muchos pueblos y aldeas del interior de España, la despoblación ha dejado calles vacías, casas cerradas y servicios que ya no existen. En algunos casos, la situación llega al extremo de que solo queda un vecino durante todo el año. Es lo que ocurre en una pequeña aldea de Santiago-Pontones, en la Sierra de Segura (Jaén), donde Paco ha decidido seguir viviendo en el lugar en el que nació. 

Paco vive completamente solo en esta pequeña aldea, donde su caserío, situado a unos 1.200 metros de altitud y perteneciente al municipio de Santiago-Pontones, cuenta con 14 viviendas, pero él es el único habitante que permanece allí durante todo el año.

Y por ello, su situación llamó la atención del programa ‘Comando Actualidad’ de TVE, a quien Paco aseguró que el pueblo era prácticamente suyo, ya que era el alcalde, el policía y el de mantenimiento.

Nació allí hace casi 70 años y ha visto cómo la aldea se iba quedando vacía. En otros tiempos hubo escuela, tienda, herrero, modista y numerosas familias, pero con los años, muchos vecinos se marcharon a otras comunidades en busca de trabajo y la mayor parte de las viviendas quedaron cerradas. “La gente como yo estamos en peligro de extinción. Esto va a desaparecer”, reconoce, según recoge el diario ‘Viajar’.

Una vida marcada por la distancia y el invierno

Pero vivir en la aldea exige organización, ya que el supermercado más cercano se encuentra a unos 30 kilómetros, por lo que Paco realiza la compra aproximadamente una vez al mes, y la mayor parte de la vida cotidiana sigue ligada, además, a los productos de la tierra y a las formas tradicionales de conservar alimentos.

El invierno es uno de los principales problemas, ya que las temperaturas pueden caer hasta cerca de los 20 grados bajo cero y la nieve ha llegado a mantener incomunicada la zona durante semanas, aunque Paco admite que, con el paso de los años, le preocupa que pueda ocurrirle algo cuando está solo y nadie se dé cuenta.

Aun así, cuenta con el contacto de algunos vecinos de otras pequeñas aldeas cercanas, y uno de ellos cuenta las ventajas y las limitaciones de esta forma de vida. “Aquí hay mucha calidad de vida, pero muy poca variedad”.

“Amo la naturaleza”

Sin embargo, Paco nunca se ha planteado abandonar definitivamente la aldea. Cuando le preguntan por qué ha decidido quedarse pese a las dificultades, responde que la razón es “porque amo la naturaleza”, y añade que “es lo que he vivido siempre”.

Para él, la tranquilidad y el contacto con el entorno compensan la distancia a los servicios y los largos inviernos. Poder dejar la puerta abierta o vivir sin apenas ruido forma parte de una manera de entender la vida que cada vez resulta menos habitual.

Aunque también es consciente de que el futuro de la aldea es incierto, ya que las casas siguen en pie, pero apenas quedan habitantes que puedan mantenerlas vivas cuando él falte. “Cuando termine yo, se acabó el pueblo”, señala dejando entrever el avance de la despoblación en muchas zonas rurales.

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