España se prepara para contemplar el eclipse total de Sol del próximo 12 de agosto, uno de los fenómenos astronómicos más esperados de los últimos años. Un acontecimiento que no solo tendrá un importante impacto turístico y económico, sino que también puede tener consecuencias para la salud si no se observa correctamente. Los expertos advierten de que mirarlo sin la protección adecuada puede causar daños graves en los ojos. Incluso una exposición de pocos segundos puede lesionar la retina y dejar secuelas permanentes en la visión.
El enfermero y creador de contenido Jorge Ángel y otros expertos insisten en que las gafas de sol convencionales no sirven para observar el fenómeno. La protección debe realizarse con filtros diseñados específicamente para mirar al Sol y que cumplan la norma EN ISO 12312-2:2015, el estándar técnico que regula este tipo de productos.
“No sirven unas gafas de sol cualquiera, tienen que ser gafas especiales para eclipse”, explica el sanitario, que también rechaza el uso de radiografías, cristales ahumados, discos compactos u otros métodos caseros. Estas alternativas pueden reducir la luz visible, pero no bloquean de manera segura la radiación capaz de dañar los tejidos oculares.
Cómo elegir unas gafas seguras para ver el eclipse
La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) recomienda comprobar antes de comprar las gafas que indiquen expresamente que están destinadas a la observación directa del Sol, que incorporen el marcado CE y la referencia EN ISO 12312-2:2015 y que identifiquen al fabricante. También aconseja verificar que incluyan una dirección de contacto en la Unión Europea, un número de lote e instrucciones de uso y seguridad.
El estado de los filtros es también muy importante. Las gafas no deben utilizarse si presentan arañazos, perforaciones, arrugas, deformaciones o cualquier otro deterioro. Durante las fases parciales del eclipse deben mantenerse puestas en todo momento. “El eclipse solo puede observarse sin gafas cuando sea completo, lo que durará poco más de un minuto”, insisten desde la OCU. Por lo tanto, solo podrán retirarse durante la totalidad unos cuantos segundos, cuando la Luna cubra por completo el disco solar, pero “en cuanto reaparezca cualquier punto luminoso, hay que volver a usarlas inmediatamente”, advierten.
La vigilancia debe ser especialmente estricta con los niños, que pueden retirarse las gafas o utilizarlas de manera incorrecta. Los adultos responsables deben comprobar que los menores mantienen la protección durante todas las fases en las que el Sol no esté completamente cubierto. También es necesario instalar filtros solares específicos en cámaras, telescopios y prismáticos. Las gafas de eclipse no permiten observar el Sol a través de estos dispositivos, ya que sus lentes concentran la radiación y pueden dañar tanto el filtro como los ojos.
Qué daños puede causar el eclipse en la vista
El principal peligro de no utilizar gafas homologadas para ver el eclipse es la llamada retinopatía solar, una lesión causada por la exposición intensa a la radiación que suele afectar a la mácula, la zona central de la retina responsable de la visión más precisa, tal y como recogen desde National Geographic. El daño puede manifestarse con visión borrosa, manchas oscuras en el centro del campo visual, distorsión de las imágenes, dificultad para leer o alteraciones en la percepción de los colores.
Además, la ausencia de dolor inmediato aumenta el riesgo. La retina carece de receptores del dolor, por lo que una persona puede sufrir una lesión sin percibir molestias en el momento. Los síntomas pueden aparecer varias horas después o incluso al día siguiente. “Te puede producir una quemadura en la retina. Además, en el ojo no hay receptores del dolor y entonces puede que digas que no te pasa nada y al día siguiente te levantas y de repente ves manchas negras. Además, esta quemadura es irreversible a día de hoy”, explica Jorge Ángel.
Durante un eclipse, el Sol parcialmente oculto provoca además una falsa sensación de seguridad. La menor luminosidad reduce el deslumbramiento y facilita que se mantenga la mirada durante más tiempo. Además, “al estar oscuro, la pupila se dilata, por lo que pasa mucha más radiación”, explica el enfermero.
Los oftalmólogos subrayan que la gravedad de la lesión depende del tiempo de exposición, de la intensidad de la radiación y de la susceptibilidad de cada persona. En algunos casos, la visión mejora durante las semanas o meses posteriores, pero no siempre se recupera por completo. Los pacientes pueden conservar puntos ciegos en la visión central u otras secuelas permanentes.
La OCU también recuerda que el hecho de que el eclipse se produzca durante la tarde no reduce el peligro. Junto con la protección ocular, aconseja utilizar crema solar, sombrero o gorra, ropa adecuada y mantenerse hidratado durante la observación.