Hoy por hoy, hay muchas críticas a las ‘nuevas generaciones’. Se dice que no quieren trabajar, que no aguantan ninguna dificultad o que están todo el día pegados al móvil, viviendo a través de la pantalla y perdiéndose la realidad que hay ahí fuera, en la calle. Bodhi, de 19 años, rompe por completo con esta percepción.
Trabaja de camarero en Au Pont Du Canal, un café de Kortrijk (Bélgica), y tiene el sueño de montar su propia freiduría, con platos de toda la vida recién hechos. De padres separados, asegura que el divorcio, en su caso, no fue ninguna dificultad: “Siempre se oyen historias traumáticas sobre los divorcios, pero a mí me parece genial. Si ya no funciona, pues no funciona; ¿por qué esa obsesión por seguir juntos a toda costa?”.
Su hobby es el skate, quedando segundo en el campeonato belga, algo que en lo que afirma le ha ayudado su trabajo de camarero: “Cuando de repente salen veinte tickets de la caja registradora con un millón de bebidas que tienes que preparar, aprendes a controlar el estrés”, afirma en una entrevista para Nieuwsblad.
Un trabajo que lleva haciendo desde los 16 años, contando que regalo de cumpleaños, su padre lo llevó a una agencia de trabajo temporal, para que pudiera inscribirse: “Esa misma noche ya estaba trabajando en una freiduría. Quiero ganar mucho dinero. Simplemente porque quiero vivir a tope y no tener que mirar mi cuenta cuando salgo con mis amigos. También invierto en todo tipo de fondos, algo que aprendí de mi madre. En septiembre me voy a viajar por mi cuenta durante unos meses en una vieja furgoneta de mi abuelo, que estamos reformando”.
“Los jóvenes ya casi no van a los bares”
En Au Pont Du Canal, la cafetería donde trabaja, tiene claro que va a pasar sus últimos días, a pesar de que aun le queda toda la vida por delante. “Aquí puedes ser simplemente tú mismo. Eso es lo único que realmente tienes que traer contigo cuando entras aquí: a ti mismo. Siempre vendré aquí”.
En los bares, señala, ve todo tipo de situaciones y conoce a personas muy diferentes. “¿Sabes lo que me da pena? Que los jóvenes ya casi no vayan a los bares. Lo entiendo, es caro, pero prefiero trabajar hasta las cuatro de la madrugada que no salir a ningún sitio”, declara.
Algo que le lleva, para él, a otra situación preocupante, y es lo mucho que se están aislando los jóvenes del ‘mundo real’. Están inmersos en sus pantallas, conociendo el mundo a través de las redes sociales, pero no viviéndolo: “Los jóvenes ya no charlan con la gente, y eso que se aprende mucho de ello. Siempre están pegados al móvil. Creo que, en realidad, están aún más solos que esas personas mayores que se sientan aquí solas en la barra”.
Por eso, lo tiene claro, y lanza un consejo al resto de jóvenes: “Dicen que los móviles son veneno, y lo entiendo perfectamente. Así que, vamos, salid de casa. Venid aquí. Aquí todavía se habla con gente de verdad”.