Casi el 20% de los jóvenes de la Generación Z ha tenido que dormir en la calle por dificultades económicas

Los jóvenes son quienes más padecen la crisis de vivienda, pero también los que más interactúan con los afectados y los que más combaten la aporofobia.

Un hombre durmiendo sobre un banco |Europa Press
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Dos de cada diez jóvenes (18,9% frente al 10,1% de la población general) se ha visto obligado a dormir en la calle o en un espacio público por dificultades económicas. Un dato que confirma que el sinhogarismo “ya no es una realidad lejana ni excepcional para la juventud, sino una situación que forma parte de su entorno cercano e incluso, en muchos casos, de su propia trayectoria vital”.

Así se recoge en el informe ‘Radiografía social del sinhogarismo en España: Generación Z’, de la ONG Hogar Sí, elaborado por 40dB mediante una encuesta online a 1.500 personas adultas entre el 18 y el 26 de junio de 2025.

Este vínculo más directo se refleja también en la manera en que los jóvenes se relacionan con quienes viven en la calle. Frente a otras generaciones, casi la mitad (46,7%) ha ayudado directamente a una persona en situación de sinhogarismo y el 42,8% ha hablado con alguna persona que lo sufre en el último mes previo a la encuesta.

Esta mayor cercanía y empatía viene acompañada de un cambio de paradigma sobre el origen del problema. El informe revela que la Generación Z reduce en más de diez puntos la creencia de que el sinhogarismo se debe a problemas de salud mental (situándola en un 42,4%). De este modo, los jóvenes se alejan de los estigmas tradicionales y entienden esta realidad como un problema puramente económico, estructural y derivado de la falta de ingresos.

La extensión de la aporofobia en los discursos de odio

El informe revela que más de la mitad de la juventud, el 50,8%, ha presenciado actos de odio hacia personas sin un hogar, una cifra que casi duplica la media de la población. “Insultos, agresiones, rechazos o humillaciones forman parte de escenas que, para muchas personas jóvenes, son cada vez más habituales tanto en el espacio público como en el entorno digital”, señalan.

Aunque esta generación percibe más odio, también lo combate más: uno de cada cuatro jóvenes (25,3%) intentaría intervenir de manera directa ante una agresión, el doble que la media, y el 44,3% avisaría a la policía. “Este comportamiento conecta con una generación que entiende la defensa de los derechos como una responsabilidad colectiva y cotidiana, contando además con más y mejores herramientas, así como conocimientos para su detección y no normalización”, apuntan desde la ONG.

El 63% de los agresores por delitos de odio tiene menos de 25 años

Este es el dato crítico que recoge el estudio, tachándolo la organización de “un desafío inaplazable”. Para Hogar Sí, el hecho de que el 63% de las personas agresoras en delitos de odio tenga menos de 25 años “señala con claridad la necesidad de actuar desde edades tempranas”. En este sentido, apuntan que la prevención, la educación y el trabajo en valores son “elementos clave para frenar una espiral de odio que afecta especialmente a los colectivos más vulnerables”.

Cómo solucionar el problema según las distintas generaciones

A la hora de acabar con el sinhogarismo, según el estudio parece existir un consenso social por el alojamiento alternativo, los servicios de emergencia social (prioridad para el 36,8% de la población) y la actuación preventiva para evitar la pérdida del hogar (36,1%). Sin embargo, la radiografía arroja matices muy significativos según la edad y el género de los encuestados.

Entre la Generación Z, los hombres jóvenes parecen distanciarse de los modelos asistenciales tradicionales, ya que priorizan en menor medida el refuerzo de los servicios de emergencia (apenas un 21,5%) en favor de soluciones más estructurales. Por su parte, el perfil de las mujeres centennials destaca por mencionar menos las estrategias preventivas ante la pérdida de vivienda (22,8%).

Esta visión de los más jóvenes contrasta con la de generaciones anteriores. Los hombres millennials, por ejemplo, delegan menos en garantizar un alojamiento tras la salida de instituciones (12,6%) pero otorgan más relevancia a las campañas de sensibilización (26,7%), entendiendo que combatir el estigma y los imaginarios sociales es un paso fundamental para acabar con la exclusión.

Más vulnerables, pero también más comprometidos

En sus conclusiones, la ONG reitera que la Generación Z, marcada por la precariedad, la dificultad de acceso a la vivienda y una mayor exposición a situaciones de exclusión residencial, es “más consciente, más sensible y dispuesta a implicarse en la transformación social”. 

Desde la ONG añaden que esta generación enseña que “el sinhogarismo no es una realidad ajena, sino cada vez más cercana”, siendo esto “una señal de alarma, pero también una oportunidad”, instando a aplicar “políticas valientes, preventivas y con una sociedad joven que no tolere la aporofobia”.

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