El transporte público sigue siendo un sector mayoritariamente masculinzado, aunque la presencia de mujeres al volante de autobuses crece poco a poco. Es el caso de Sonia Miras, de 46 años, que lleva ya una década conduciendo en Barcelona y forma parte de esa minoría que ha abierto camino en esta profesión asociada durante años a los hombres.
Sonia trabajaba como camarera, pero no se imaginaba llegando a los 50 años detrás de una barra, así que se sacó el carnet de conducir y envió el currículum a una empresa de transporte urbano e interurbano de Barcelona, lo que le hizo empezar una nueva vida laboral conduciendo autobuses. “Me gusta conducir, el trato con la gente y la calle”, explicaba en una entrevista para El Periódico.
Hoy conduce para una empresa que presta servicio en municipios del norte del área metropolitana de Barcelona, como Badalona, Santa Coloma de Gramenet o Sant Adrià de Besòs. Una de las grandes ventajas que destaca es la estabilidad, ya que, según explica, “es un trabajo para toda la vida”, y tambien valora que la empresa abra la puerta a personas sin experiencia previa.
Según cuenta, una de las mayores satisfacciones del oficio es el contacto humano y la posibilidad de trabajar en la calle, “no encerrado en una oficina o en una casa”. Además, para ella “lo mejor es el compañerismo” y destaca el ambiente entre conductoras, que han creado un grupo de WhatsApp para apoyarse entre ellas. “Nos ayudamos cuando lo necesitamos”, explica, convirtiendo el chat en un espacio donde comparten dudas, avisos y situaciones complicadas, tanto para las que trabajan de día como para las que hacen turnos nocturnos.
El machismo al volante
Pero ser mujer al volante también implica enfrentarse cara a cara con el machismo, ya que, según reconoce, se siente más expuesta. “A veces que nos podemos sentir un poco desprotegidas por ser mujer, sobre todo los hombres se envalentonan contigo”, explica. Por eso pide una mampara que separe a los pasajeros de las conductoras “para estar un poco más seguras” y aumentar la seguridad ante posibles agresiones.
Aun así, Sonia reconoce que su experiencia es positiva y recuerda que el oficio ofrece buenas condiciones, como que no se trabaja a la intemperie o que cada jornada es distinta. “Si hace frío tienes calefacción, si hace calor tienes aire y no te mojas”, asegura, por lo que se lo recomendaría “100%” a otras mujeres.
De hecho, cada vez son más las que se animan a dar ese paso y, aunque la presencia femenina sigue siendo reducida, va en aumento. La conductora calcula que las mujeres representan en torno al 10% de la plantilla de su empresa y para ella, ese avance demuestra que conducir un autobús no es un trabajo solo de hombres.