Una de las profesiones míticas de España, ya que casi solo se da en nuestro país y que siempre ha estado poco reconocida es la del ‘latero’. Esas personas que van vendiendo latas de refresco y cerveza por medio de las playas, pasando entre sombrillas y gente que está de vacaciones, soportando calor y teniendo que cargar con un carro que a veces pesa más que ellos. Estos profesionales recorren kilómetros de arena con sus pesadas neveras a cuestas, ofreciendo refrigerio inmediato a todo el que está por la playa mientras usan su humor y desparpajo para atraer más clientes a sus neveras.
¿Quién no ha llamado a uno de ellos cuando estaba en la playa de vacaciones? La verdad es que sacan de un apuro, especialmente a aquellos que no van tan preparados a la playa y que necesitan hidratarse para pasar mejor las horas de más calor. Ricardo Parralo es uno de esos lateros que lleva años recorriendo las playas, desempeñando este histórico oficio en las playas de Cádiz.
Desde hace más de una década, el trabajador recorre la playa de Santa Catalina, ubicada en la urbanización Vistahermosa de El Puerto de Santa María, sacando adelante un negocio familiar que nació después de una historia más que desafortunada.
El negocio de vender latas surgió porque les robaron
Ricardo empezó a estar en contacto con la venta ambulante de bebidas gracias a Toñi López, su esposa, ya que ella ya tenía un quiosco de playa de toda la vida en la zona. Un día, unos delincuentes le quitaron todo el cableado eléctrico de la instalación, dejándolos nada que hacer. En vez de seguir lamentándose, Toñi diseñó un carrito ambulante ligero para vender latas frías directamente al lado de la orilla del mar y se lanzó a la venta en la misma arena.
De ella fue la idea para que el resto de la familia siguiera con el negocio. Con el paso de las temporadas, Ricardo y sus hijos continuaron con la venta de latas llegando incluso a hacer más grande el negocio de forma legal. "Hoy trabajan con seis licencias y otros tantos carros", expone el reportaje dedicado a la Sociedad Latera de Cruzcampo, una iniciativa con la que la marca cervecera andaluza homenajea la voz y el arte de este gremio costero.
El pregón tradicional frente a la impersonal campanilla
Para Ricardo, lo que más importa de este oficio no es solo mantener la bebida todo el tiempo, sino en seguir siendo cercano y tomarse el trabajo con humor. "Aquí en el sur la cerveza se pregona. A mí me gusta entrar en la playa con voz, con arte y con un poco de cachondeo, porque esa es mi manera de llamar la atención", dijo el latero.
El veterano latero defiende una profesión que, lamentablemente, empieza a perder terreno ante las nuevas tendencias digitales y el retraimiento de los vendedores más jóvenes. "La parte tradicional está en ir pregonando, y eso se está perdiendo", lamentó Ricardo al comprobar cómo los nuevos empleados prefieren anunciarse de forma monótona agitando una simple campanilla en lugar de lanzar rimas ingeniosas al viento.
A pesar de que empujar un carro cargado con hasta 300 latas de cerveza Cruzcampo sobre la arena seca es ya de por sí un esfuerzo físico difícil de aguantar para cualquiera, Ricardo cree que el cariño de la gente compensa todo ese desgaste físico y todo lo que tiene que soportar. Gracias a ese trato cercano ha vivido experiencias de todo tipo. "En la playa hay quien te pide de todo. Una vez me pidieron hasta huevo duro para un gazpacho", recuerda entre risas, como una anécdota más de su trabajo que hace que le llene más seguir haciendo lo mismo.