La mítica marca de juguetes Playmobil, creada en Alemania en el año 1974, cierra su última fábrica en su país natal, dejando a más de 1.000 trabajadores sin empleo. Después de parar del todo la producción de las clásicas figuras de plástico en el municipio de Dietenhofen, al sur del país, las naves industriales han quedado vacías. Es más, ya llevan semanas siendo desmanteladas tras el cese de su actividad. Este cierre es más que significativo para la icónica compañía de juguetes, una de las más aclamadas por los niños de media Europa, y deja a la producción local del sector del juguete en Alemania bastante tocada, obligando así a la marca a trasladar toda la actividad manufacturera que le queda al extranjero.
Desde la sede central de la compañía en Zirndorf, que está a las afueras de Núremberg, el Grupo Horst Brandstätter (propietario de Playmobil) ha justificado la decisión debido a la importante falta de viabilidad financiera que estaba viviendo la fábrica alemana. Un portavoz del grupo empresarial aclaró que "dados los elevados costes actuales de la energía y los salarios, así como la excesiva burocracia que existe en nuestro país, ya no es viable mantener la producción en la planta de Dietenhofen", según la información recogida por medios como EFE o La Vanguardia. El portavoz defendió la deslocalización asegurando resignadamente que "las desventajas estructurales de nuestra ubicación no nos han dejado otra opción".
La producción de Dietenhofen será sustituida por la "concentración de la producción" en la República Checa y Malta, destinos donde Playmobil ya lleva décadas operando. Este repliegue industrial no es un movimiento aislado para la multinacional; en España, donde la marca contaba con una histórica fábrica en el municipio alicantino de Onil, también se echó el cierre definitivo de la actividad manufacturera hace apenas dos años.
Llegaron a tener 1.500 empleados
Viendo la rapidez con la que se ha llevado a cabo el cierre, no extraña que la propia plantilla se lo tomara por sorpresa y se hicieran preguntas al respecto. Tal y como explica Michael Ulbrich, operario de 51 años especializado en el área de imprenta, producción y novedades, los directivos de Playmobil mandaron rápidamente a la mayoría de los trabajadores la semana antes del cierre definitivo, generando dudas entre todos los trabajadores que allí estaban empleados.
Ahora en Dietenhofen solo hay silencio, ya que pocos se prestan a dar más información sobre el cierre, exceptuando a este veterano empleado de la marca. "En Dietenhofen, donde se llevaba a cabo la producción, ya no queda ningún empleado. Sólo estoy yo aquí. Me niego a abandonar la empresa", dijo Ulbrich, quien seguía yendo cada día a las labores de limpieza que realizan contratas externas. La caída de la planta ha sido devastadora: "Al principio, en la planta de Dietenhofen de Playmobil éramos 1.500 empleados, se redujo esa cifra a estos 364 empleados". Aquel recorte de personal que llevó a cabo el grupo Horst Brandstätter tuvo como objetivo poder asegurar la rentabilidad de las instalaciones alemanas durante más tiempo.
La "contradicción" que denuncia la plantilla ante el traslado al extranjero
Aunque saben que la situación económica en general es delicada, empleados como Ulbrich no entienden del todo la falta de coherencia que se está dando en la gestión de los propietarios. "Los precios en Alemania son extremadamente caros, pero diré también que la empresa podría haber gestionado esto de otra manera", dijo el operario.
A su entender, el elevado coste social pagado en Dietenhofen con el despido de los trabajadores de Playmobil debería haberse compartido con Lechuza, otra marca filial del Grupo Horst Brandstätter ubicada en el mismo municipio. Ulbrich señala que, curiosamente, Lechuza no ha externalizado su producción fuera de las fronteras alemanas: "Su planta de producción se mantiene, y los gastos son los mismos que los de Playmobil. Pero en ese caso no se ha externalizado al extranjero. Hay una contradicción".
Una señal de alarma nacional sobre la desindustrialización de Alemania
El cierre de la mítica fábrica de Playmobil ha encendido todas las alarmas políticas y económicas en Alemania. La pérdida constante de competitividad de la gran locomotora europea es una realidad admitida por el propio líder político Friedrich Merz, quien reconoció que la pérdida de empleo industrial es alarmante debido a los altos precios de la energía que acusa el país.
A esta problemática nacional se suman las perturbaciones del comercio global. Michael Grömling, economista de un prestigioso instituto económico, detalla que la industria germana se enfrenta a dificultades complejas debido a las tensiones geopolíticas y la enorme incertidumbre económica global, lo que impacta gravemente en las exportaciones y en el suministro. Un contexto adverso que ha terminado por cobrarse la vida de la última fábrica de Playmobil en Alemania.