El Ingreso Mínimo Vital (IMV) nació en el año 2020, tras la pandemia sanitaria, para mejorar la situación económica de las familias que estaban en situación de vulnerabilidad. Personas que habían perdido el empleo, sin ingresos o bastante bajos y en muchos casos, con menores o personas dependientes a cargo. Los últimos datos de la Seguridad Social, organismo encargado de gestionar, aprobar y abonar esta prestación de subsistencia, señalaban que durante el mes pasado (junio) la ayuda llegó a 2,6 millones de beneficiarios con una media de edad de 28 años.
Aunque actualmente hay muchas personas que cumplen con los requisitos para cobrarla, lo cierto es que existen profesionales que cuestionan si realmente el IMV cumple con el propósito para el que fue creado. En un reportaje publicado en Diario Córdoba, se apunta a que una de cada 10 familias en esta ciudad andaluza recibe la ayuda, pero la Asociación de Familias Necesitadas de Córdoba (Anfane) se pregunta si es realmente eficaz para combatir la pobreza.
La gestión del IMV muestra, según señalan a este medio, muchos puntos negros y la abogada de tramitar esta prestación dentro de la asociación, Alejandra Ruiz, asegura que en demasiadas ocasiones “las solicitudes se revisan mal o se tarda en responder, se deniegan casos erróneamente, por lo que hay que presentar la documentación de nuevo, o se asignan ayudas de forma indebida que luego habrá que devolver”, afirma.
Familias que renuncian a trabajos para seguir cobrando el IMV
Es cierto que esta ayuda económica sirve como salvavidas a muchas familias que no tienen trabajo, deben mantener menores y no consiguen incorporarse al mercado laboral. Pero también lo es que hay quienes, cobrando el IMV, se acomodan y se podría llegar a “desincentivar la búsqueda de empleo”. La abogada ha visto casos en los que “se renuncia a un trabajo para que no les retiren la ayuda”.
No hay, de momento, una solución acorde con este problema, pero Ruiz realiza un planteamiento. “Se debería establecer un tiempo máximo para la percepción del IMV y, aunque hay quien prefiere trabajar, existe una tendencia a mantener la prestación durante años y, en el mejor de los casos, a trabajar en negro para que no se la quiten”.
Algo llamativo, porque en muchas ocasiones quienes están en esta situación son los jóvenes. “A veces no es un apoyo para ellos, sino algo definitivo”.
Solicitan la suspensión del IMV pero no consiguen respuesta
En la asociación tramitan decenas de solicitudes del Ingreso Mínimo Vital, pero también están quienes prefieren hacerlo por su cuenta. “No son conscientes de las consecuencias que puede tener esto a largo plazo si se produce algún fallo en la asignación”, aseguran. Y de esto tienen un gran conocimiento porque atienden las reclamaciones que realiza Hacienda, “que son muchas”.
“La Seguridad Social revisa los ingresos dos veces al año y cuando la persona beneficiaria recibe por error o porque cambian sus circunstancias más dinero del que le corresponde, no se suspende el pago”. Entonces se tramita una devolución de la cuantía que han recibido de más, que suele retrasarse, y encuentran casos de familias que siguen cobrando el IMV pero no saben que están haciéndolo de una forma errónea y que luego les reclamarán.
“Muchos casos terminan por la vía judicial y hay familias que no son conscientes y terminan con deudas en Hacienda durante años”, aseguran.