Rubén, fontanero y autónomo: "Un ayudante cobra bruto 1.800 euros y le quedan menos de 1.500; los costes que pagamos son abusivos"

El fontanero pide más ayudas para contratar aprendices y que no se pierda el oficio.

Rubén, fontanero y autónomo: "Un ayudante cobra bruto 1.800 euros y le quedan menos de 1.500; los costes que pagamos son abusivos" |Canva/pódcast Sector Oficios
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Mantener una empresa de reformas hoy en día ya no es tan fácil, primero porque hay mucha carga de trabajo y se necesita ayuda para sacar adelante los encargos, y segundo porque esa ayuda es difícil de contratar debido a los altos costes fiscales y a todo lo que tienen que pagar de cotizaciones para mantener a un empleado en nómina. 

Rubén Ariza, un fontanero madrileño que empezó a trabajar por su cuenta después de varias décadas siendo trabajador de otras empresas, sabe lo difícil que es empezar en este sector. Un sector que tiene un problema con la falta de relevo generacional y en el que hay incluso pueblos enteros que necesitan fontaneros, para cubrir la alta demanda que hay.

En una entrevista con el pódcast Sector Oficios, el autónomo dijo que los empresarios no pueden ganar dinero a costa de sus trabajadores, que es lo que muchos piensan, dando datos y argumentando el coste que supone mantener un taller abierto con personal contratado en la actualidad.

Un aprendizaje en solitario y el choque de la juventud frente al cliente

Todo comenzó cuando solo tenía 16 años, que es cuando empezó como aprendiz en el negocio de seguros de hogar que llevaba su tío. Durante su primer año, apenas cobraba 20 euros a la semana. "Para mí era lo típico, estaba aprendiendo, estaba con mi tío y encima tenía para irme con los amigos a tomar algo", recuerda el joven fontanero. Aunque tenía la ayuda de su familia Rubén afirma que aprendió el oficio prácticamente solo, ya que su tío le mandaba solo a los avisos y le obligaba a llamarle por teléfono desde la vivienda para ver donde estaba la fuga y lo que tenía que hacer.

A los 17 años, Rubén ya acudía solo a las casas de los asegurados, una situación que generaba desconfianza inmediata debido a su extrema juventud. "Me veían a un chaval con 17 años y claro, esperaban ahí con la puerta diciendo: '¿Y el oficial?'. Digo: 'No, soy yo, vengo yo a arreglarlo'", relató sobre la presión psicológica que soportaba mientras realizaba las reparaciones bajo la atenta mirada del propietario. Tras pasar una etapa trabajando con su padre que no funcionó muy bien por la dificultad de separar los roces personales del ámbito laboral, Rubén regresó a las empresas de asistencia, donde soportó extenuantes turnos de 12 horas y guardias de urgencia de madrugada que acabaron pasándole factura físicamente.

Rechazó 1.900 euros para irse a trabajar solo

Viendo que apenas podía pasar tiempo con su hija pequeña, de que apenas tenía conciliación y todo por un sueldo no muy alto, Rubén decidió empezar a trabajar por su cuenta. La empresa en la que trabajaba en aquel momento, sabiendo que era un buen trabajador y que se le daba bien gestionar grandes obras de reforma, intentó retenerle con una subida de salario. "Me estaba pagando 1.600, me subió a 1.700 antes de que yo dijera nada, y luego me dijo que cuando empezara el año me pagaba 1.900. No esperé ni siquiera a cobrarlo, yo me fui en noviembre", recuerda.

El fontanero se vio obligado a elegir entre comprarse una casa propia o empezar un negocio, dando el paso al final de hacerse autónomo. Pidió la capitalización del paro y con eso consiguió una financiación de 25.000 euros con la que se compró una furgoneta con la que ya pudo empezar el negocio. "Yo empecé con 100 euros en la cuenta. A mí me dieron el dinero del paro, que es para gastártelo en lo que te lo tienes que gastar. Mis 100 euros en la cuenta, mi alquiler y mis cosas pagadas", desveló sobre sus humildes inicios comerciales.

Las grandes constructoras tardan mucho en pagar y le dejan deudas pendientes

Sacar una empresa adelante no es fácil hoy en día debido a cómo aprieta económicamente el sistema fiscal español, que no deja mucho margen de maniobra. "Las hostias que te dan de Seguridad Social de que coges dinero y crees que tienes dinero y no lo tienes porque te lo quitan enseguida", denunció Rubén indignado. A la presión impositiva habitual se sumó el grave problema de los retrasos en los pagos y las retenciones del 5% que imponen las grandes contratas en obras grandes, las cuales, según su experiencia, rara vez se recuperan. "Tengo retenciones que todavía no me pagan, han pasado tres años [...] es que es tu dinero, es que es una parte de tu ganancia ese dinero, es que es un 5% de todo lo que has facturado", criticó.

Cuando estaba aún empezando, le tocó vivir una situación difícil, y es que una constructora estuvo seis meses sin abonarle un pago de 400 euros por unos trabajos de suelo radiante que habían hecho en Leganés, y cómo un intermediario le adeudó 15.000 euros durante tres meses en una obra escolar. Rubén ya no quiere saber nada de impagos o deudas pendientes y como aprendió la lección, ahora no coge trabajos en los que tarden mucho en pagar, básicamente. "Yo por ejemplo no cojo a 60 días [...] creo que también que es un abuso. A mí hay gente que me llama para hacer una obra grande y lo primero que pregunto es: ¿Cómo pagas? ¿A 60? No me interesa".

Cuesta mucho tener un ayudante contratado

Como empresario con tres trabajadores a su cargo, Rubén cree que es muy difícil incorporar y formar a gente joven en los oficios tradicionales porque apenas hay incentivos, sino más bien dificultades y una carga fiscal muy alta. Así, para él los costes asociados a la cotización social hacen que sea muy caro pagar la nómina a un trabajador y encima ese dinero no llega al bolsillo del empleado.

"Un aprendiz, digamos un ayudante, está cobrando bruto 1.800 euros y de ahí se le quedan a él, sin contar Seguridad Social, menos de 1.500 euros", explicó sobre lo que puede cobrar un trabajador que está empezando en el sector, mostrando así la poca diferencia que hay entre lo que cobra un oficial y un ayudante. Con todo eso, y aunque tienen que trabajar "mínimo 10 horas diarias", Rubén pone por delante la importancia de cuidar y valorar a los empleados para que quieran seguir trabajando y haya continuidad de los oficios técnicos en España, algo que se necesita ahora más que nunca viendo la falta de relevo generacional por la que pasan todas estas profesiones.

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