Jennifer, dueña de un supermercado: “Facturamos 50.000 euros al mes, pero 37.000 € se van directos a proveedores”

La joven empresaria detalla que la rentabilidad de los “supermercados de barrio” apenas roza el 2% en el mejor de los casos.

Jennifer, dueña de un supermercado |TikTok
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Las conocidas como “tiendas de barrio” en España están desapareciendo, pues en los últimos 10 años han cerrado más de 142.000 pequeños comercios, lo que equivale a 39 tiendas por día. Esto afecta también a los pequeños supermercados, los cuales están siendo asfixiados por las grandes cadenas al no poder competir ni en costes ni en márgenes de beneficio.

Jennifer Modoon es una joven empresaria que ha decidido abrir un canal en TikTok para explicar cuánto cuesta mantener un supermercado de barrio en España y cuál es su rentabilidad real. La joven explica al inicio de su vídeo que “ver grandes cantidades de dinero” no quiere decir que se vaya a ganar mucho.

Jennifer señala que lo primero es aprender a diferenciar entre ingresos brutos y beneficio neto: “Puede parecer que se gana muchísimo dinero, pero desde dentro es otra historia. Pensad que no todos los meses se vende lo mismo, ni se tienen los mismos gastos”, relata.

Para ello pone un ejemplo en el que en un mes su supermercado factura 50.000 euros brutos, cifra a la que hay que empezar a restar gastos.

El primer gasto, y el más grande, es el de los proveedores (unos 37.000 euros). Hay que pagar semanalmente a cadenas de distribución como Coviran o asumir compromisos a 60 días con otros fabricantes, lo que se lleva el 74% de la caja y hace que el dinero bruto se evapore rápido. Además, la empresaria explica que a esto hay que sumar un 2% en concepto de “garantía” que se cobra durante 18 meses, lo que deja una parte del dinero retenida de forma permanente.

Por otro lado hay que sumar las nóminas y las cotizaciones a la Seguridad Social, que son unos 5.500 euros aproximadamente. Así, de los 13.000 euros que quedaban, ya solo sobran 7.500 euros. Explica que este gasto puede aumentar, ya que la tienda abre de lunes a domingo y, por ejemplo, los días de descarga en los que viene el camión se necesita más personal.

Luego están los gastos fijos mensuales como el alquiler del local, seguros, factura de la luz, gestoría, teléfono y comisiones del datáfono, donde explica que se pueden ir hasta los 5.000 euros.

A eso hay que sumar 12 euros que cobra la distribuidora por cada carro transportado (con un mínimo de tres repartos semanales de cuatro carros cada uno, vayan llenos o “casi vacíos”), reduciendo el remanente a apenas 2.500 euros antes de imprevistos.

A todo esto hay que sumar otros gastos denominados “contratiempos” como son las mermas de los productos que caducan, las roturas o los arreglos de maquinaria. El resultado es que, en un buen mes, un supermercado de barrio puede dejar un beneficio de alrededor del 2% al 5%. Es decir, que de esos 50.000 euros de facturación iniciales, el beneficio neto que le queda al final a Jennifer es de unos 1.000 a 2.500 euros, todavía sin pasar por Hacienda.

Esta realidad es la que explica por qué el 99% de los comercios que han echado el cierre en España en los últimos diez años tenían menos de cinco empleados. La diferencia frente las grandes superficies o multinacionales es que, estas comprar producto a nivel nacional lo que le permite escalar costes (haciendo que sea más barato), mientras que el pequeño “súper de barrio” no puede competir contra eso.

Para Jennifer, la conclusión tras coordinar repartos, turnos y facturas es clara: “Cada mes pueden pasar mil cosas que reduzcan ese beneficio casi al límite” lamenta.

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