La decisión de Food and Drug Administration (FDA) de Estados Unidos de renovar la autorización de IQOS (dispositivo electrónico de Philip Morris que calienta unidades de tabaco real en vez de quemarlas) como producto de tabaco de riesgo modificado se ha convertido ya en un movimiento clave para demostrar la eficacia de estos dispositivos a la hora, por ejemplo, de abandonar el hábito de fumar. Porque, además, supone un paso adelante para que otros países hagan lo mismo ya que es fundamental saber que este organismo no hace valoraciones por categorías sino de marcas por lo que esta autorización sólo corresponde a IQOS.
En el texto de la orden, la FDA señala que “los estudios han demostrado que cambiar completamente los cugarrillos convencionales al sistema IQOS reduce significativamente la exposición de tu cuerpo a sustancias químicas dañinas o potencialmente dañinas”.
Además, resalta que la evidencia científica disponible “sin realizar estudios epidemiológicos a largo plazo demuestra que una reducción medible y sustancial de la morbilidad o mortalidad entre los consumidores individuales de tabaco es razonablemente probable”.
La opción de que otros países puedan seguir esta línea marcada y hacer lo mismo en Europa o Esopaña, supondría cambios especialmente relevantes en Extremadura, que es el eje de la producción tabaquera nacional, que ahora ve cómo estos movimientos pueden impulsar el empleo de miles de personas y darles estabilidad.
Este reconocimiento consolida a IQOS como el único producto de tabaco calentado que cuenta con esta autorización en Estados Unidos. Pero esta relevancia va más allá de la sanidad, porque la economía podría verse impulsada a raíz de la decisión tomada por este organismo americano.
El tabaco calentado como vía de transición
En España, el tabaco calentado representa una porción minoritaria del mercado, un 3,5% aproximadamente pero se está viendo cómo entra con fuerza en las grandes ciudades. Su crecimiento se puede traducir como una vía de transición frente al descenso del consumo del cigarrillo tradicional que sigue suponiendo el 80% del total.
Extremadura concentra el foco de la producción con cerca del 98% del tabaco español colocándose muy cerca de la cabeza en lo referente a cultivos en Europa. Parte de la producción se destina a la elaboración de tabaco para dispositivos de calentamiento cumpliendo siempre con los estándares de calidad.
El cambio en la demanda supone la garantía de continuidad para una actividad agrícola que siempre ha dependido del cigarrillo tradicional.
Estabilidad laboral para los agricultores
Para los agricultores, la clave reside en la estabilidad y en caso de que España replique el movimiento que ha llevado a cabo la FDA se podrán ver sus consecuencias tanto en el empleo como en el sector.
La certificación de cultivos para su uso en tabaco calentado exige inversiones y adaptación técnica, lo que hace especialmente sensible el marco regulatorio. En este sentido, la decisión de la FDA refuerza, según fuentes del sector, las expectativas de continuidad en la demanda y, por extensión, en el mantenimiento del empleo.
La experiencia internacional aporta referencias sobre el posible recorrido de esta transición. En Japón, la introducción del tabaco calentado ha coincidido con una caída acelerada de las ventas de cigarrillos, cercana al 50% en los últimos años. En Europa, Italia presenta el mayor grado de penetración de estos productos, acompañado de un descenso sostenido del consumo de tabaco convencional.