La Comisión Europea ha presentado un nuevo paquete de medidas energéticas con el que insta a los Estados miembros a rebajar los impuestos sobre la electricidad, poniendo en marcha nuevas tarifas sociales y activando mecanismos que permitan prohibir temporalmente los cortes de suministros a los hogares vulnerables.
La iniciativa, denominada AccelerateEU, llega en un contexto de repunte de los precios energéticos ligado a la escalada del conflicto en Oriente Próximo, que ya ha supuesto un sobrecoste de unos 24.000 millones de euros para la Unión en apenas 52 días, según datos comunitarios.
Este plan suma actuaciones de emergencia para que los hogares paguen menos dinero en las facturas así como propuestas para transformar el sistema energético europeo. En el corto plazo, Bruselas ha recordado que un marco normativo ya permite que los gobiernos apliquen ayudas directas como vales energéticos, reducciones fiscales o incentivos para la sustitución de equipos ineficientes.
También subraya la posibilidad de impedir que se desconecten de la red a consumidores con dificultades de pago, una medida que se aplicó ya en la crisis de 2022.
“La energía no puede ser instrumento de dominación ni de guerra”
La vicepresidenta de la Comisión para la Transición Limpia, Teresa Ribera, ha señalado que “la energía no puede utilizarse como un instrumento de dominación y de guerra”, defendiendo que el objetivo es acelerar la transición hacia fuentes limpias.
El gobierno comunitario plantea un cambio estructural en la fiscalidad energética. Bruselas prevé presentar en mayo una propuesta para ajustar los cargos de red y los impuestos de modo que la electricidad, especialmente la de origen renovable, tenga una carga fiscal inferior a la del gas. El objetivo es incentivar la electrificación de la economía, desde los hogares hasta el transporte y la industria, y reducir la dependencia de los combustibles fósiles importados.
Los datos hablan por sí solos, y más del 70% de la electricidad ya procede de fuentes limpias, y los países con mayor peso de renovables y nuclear tienden a registrar precios más bajos. La Comisión sostiene que reforzar esta tendencia permitiría amortiguar futuras crisis de precios y mejorar la competitividad industrial.
Medidas clave para reducir el consumo energético
El paquete incluye también medidas para reducir el consumo energético, como la aceleración en la instalación de bombas de calor, la mejora del aislamiento de edificios o la promoción de pequeñas instalaciones solares. Según Bruselas, estas actuaciones podrían recortar hasta un 25% la factura energética de algunos hogares, aunque no detalla el calendario ni el alcance presupuestario de estas intervenciones.
En paralelo, la Comisión propone un marco temporal de ayudas de Estado que otorgue mayor flexibilidad a los gobiernos para apoyar a los sectores más expuestos al encarecimiento energético, en particular las industrias intensivas en consumo de energía. Este instrumento busca evitar una pérdida de competitividad frente a otras economías en un contexto de volatilidad actual.
Nuevo observatorio europeo de combustibles
El plan estudia uno de los puntos más sensibles de la política energética europea, que es el del mercado del gas. Bruselas busca evitar que se repita la carrera de compras que disparó los precios en 2022, proponiendo coordinar el llenado de las reservas de cara al invierno.
A esto hay que añadir la creación de un observatorio europeo de combustibles que permitirá monitorizar la producción, importaciones y niveles de reservas atendiendo de un modo especial al diésel y el queroseno. La Comisión avisa de que la elevada dependencia exterior de alguno de estos segmentos puede generar un ‘efecto cuello de botella’ en los mismos.
La iniciativa será debatida por los jefes de Estado y de Gobierno en el próximo Consejo Europeo informal en Chipre. Su recorrido dependerá, en buena medida, de la disposición de los Estados miembros a aplicar medidas fiscales y de gasto en un contexto de márgenes presupuestarios limitados.