Una agricultora jubilada tiene que trabajar de nuevo porque el arrendatario dejó sus tierras antes de que terminara el contrato: “Hemos perdido 2.000 euros al mes y nuestra tranquilidad”

Llevaba 5 años jubilada y se ha encontrado que nadie quiere seguir en la viticultura, asegurando que ya es imposible seguir adelante.

Una mujer aleatoria observando los viñedos |Envato
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Al jubilarse, lo más normal es pensar que se acabó trabajar. Pero la vida da muchas vueltas y hay situaciones que, por mucho que nos lo hayamos ganado, obligan a retomar la actividad laboral. Ha sido el caso de Marisa Robert, quien ha tenido que volver a hacerse cargo de sus 20 hectáreas de viñedos después de que la persona a la que había alquilado sus tierras las abandonara, mucho antes de que finalizase el contrato.

Marisa, de 67 años, llevaba ya 5 años de jubilada. Pese a ello, desde el pasado mes de enero, tuvo que ponerse al frente de la explotación. Y todo por las dificultades que atraviesa el sector, siéndole imposible, hasta el momento, encontrar a una persona a la que le compense tanto sacrificio y trabajo.

Su caso ya desde el inicio es sorprendente. En la actualidad, las mujeres siguen abriéndose camino en la agricultura, pero ella, ya en 1997, obtuvo el título de técnica agrícola. Se lanzó a la viticultura junto a su marido Georges, enfermero de profesión, y adquirió 20 hectáreas de terreno en Caux-et-Sauzens, en el departamento de Aude (Francua), que plantaron en cuatro años.

Por aquel entonces, tal y como recogen desde el medio ‘Vitisphere’, entregaban su cosecha a una bodega cooperativa. Marisa se convirtió en jefa de explotación, mientras que su marido era colaborador, al tiempo que seguía trabajando como enfermero a tiempo parcial.

Alquilan las tierras a uno de sus trabajadores

En 2014, la pareja amplió la explotación en 8 hectáreas, procedentes de la herencia del padre de Georges. Entre 2015 y 2018, plantaron otras 10 hectáreas más, en el municipio vecino de Arzens. Su vida como agricultores cooperativistas transcurrió sin ningún contratiempo hasta 2021, cuando se jubilaron y arrendaron sus 38 hectáreas de viñedos a Joao, un peón vitícola que llevaba trabajando para ellos desde 2016.

Tas la vendimia de 2023, Joao les anunció que quería dejar las 20 hectáreas de Caux-et-Sauzens para dedicarse exclusivamente a las 18 hectáreas de Arzens, su pueblo. Marisa y Georges aceptaron, sin pedirle ninguna compensación, a pesar de que finalizó el contrato de arrendamiento antes de tiempo.

“Cuando el arrendatario lo pasa mal, no hay que echarle más leña al fuego”, afirmó Marisa al citado medio. Para ella, no era tiempo de compadecerse, sino de encontrar un nuevo arrendatario para esas 20 hectáreas. Así, en enero de 2024, un hombre firmó con ellos un contrato de arrendamiento para trabajar en las mismas.

Sin embargo, este no duró demasiado y, en diciembre de ese mismo año, les anunció de que iba a dejar las tierras a finales de 2025. ¿Los motivos? No lograba salir adelante, asegurando que la cooperativa no pagaba lo suficiente.

“Nos sorprendió mucho que nos dejara tan pronto”, confesó Marida, sobretodo porque, según asegura, “el año pasado hizo lo mínimo”. En este sentido, contó que las viñas estaban “en un estado sanitario deplorable, con la hierba invadiendo las hileras, los alambres sin levantar…”.

Obligada a parar su jubilación

Al no tener ya ningún arrendatario, Marisa tuvo que convertirse en la titular de la explotación el pasado 1 de enero, con el riesgo de perder su pensión de 1.080 euros al mes. Por ello, solicitó ayuda a la Cámara Agraria del Aude, pudiendo hasta el momento compaginar ese título, sujeto a cotizaciones, con su pensión.

No obstante, la situación es difícil: “Volver a ser explotadores es un fracaso: hemos perdido el alquiler de la finca, es decir, 2.000 euros al mes. Y nuestra tranquilidad”. Por esta razón, han tenido que tomar una decisión dura pero necesario: arrancar las 20 hectáreas. 

“A nadie le interesan los viñedos”

Es el lamento de Marisa, pero ella ya no puede hacerse cargo de los mismos. Así, han pedido presupuesto para ver cuánto les costaría arrancar los viñedos de las 20 hectáreas: 2.500 euros por hectárea. Una cantidad que se deducirá de la prima de arranque, que asciende a 4.000 euros por hectárea.

Una vez arrancados, tienen previsto vender las tierras, esperando obtener entre 5.000 y 7.000 euros por hectárea. “Si todo va bien, no nos irá tan mal”, declaró, siendo su siguiente objetivo encontrar los compradores. Una historia que evidencia la falta de relevo generacional en el campo, y, en general, en el mundo rural.

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