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Un estudio dice que levantarse a la misma hora cada día mejora la calidad del sueño, incluso los fines de semana

La regularidad en los horarios de sueño ayuda a estabilizar el reloj biológico y reduce los efectos del “jet lag social”.

una mujer despertándose en la cama
una mujer despertándose en la cama |Canva
Icíar Carballo
Fecha de actualización:
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Dormir bien no solo depende de acumular horas de descanso. La evidencia científica más reciente sitúa la regularidad en los horarios de sueño y, en particular, la hora de despertarse como un elemento determinante para la calidad del descanso y el funcionamiento del organismo. Por ello, levantarse a la misma hora cada día, incluidos sábados y domingos, es lo que más recomiendan los expertos.

La clave está en el sistema circadiano, el reloj interno que regula funciones esenciales como la secreción hormonal, la temperatura corporal o el nivel de alerta. Según Helen Burgess, codirectora del Sleep and Circadian Research Laboratory de la Universidad de Michigan, la hora de despertarse actúa como una señal de referencia para este sistema. “Cuando nos despertamos por la mañana y recibimos luz, esa señal es fundamental para sincronizar el reloj circadiano”, explica, según recoge ‘La Vanguardia’.

El problema surge cuando esto se vuelve inestable. Los cambios bruscos entre los días laborables y el fin de semana (acostarse tarde y levantarse varias horas después), provocan un desajuste similar al de un viaje entre husos horarios, conocido como “jet lag social”, responsable de la fatiga y la somnolencia que muchas personas experimentan al inicio de la semana.

Efectos negativos de no respetar los horarios del sueño

Este planteamiento nace de una revisión publicada en ‘Sleep Medicine Reviews’, donde se concluye que la irregularidad en los horarios de sueño se asocia con peores indicadores de salud mental, metabólica, cardiovascular y cognitiva. Entre los efectos detectados figuran un aumento de los síntomas depresivos, menor bienestar general y alteraciones metabólicas como la reducción de la sensibilidad a la insulina.

En la misma línea, la National Sleep Foundation ha subrayado que la regularidad del sueño debe considerarse una dimensión esencial de la salud, al mismo nivel que la duración o la continuidad del descanso. Es decir, no basta con dormir siete u ocho horas si se hace a horas cambiantes.

De hecho, uno de los aspectos más relevantes de este enfoque es el peso que adquiere la hora de despertarse frente a la de acostarse. Aunque ambas están relacionadas, varios especialistas consideran que el momento de levantarse fija el ritmo del día y condiciona el ciclo posterior de sueño. Por ello, ante una semana de descanso insuficiente, la recomendación no pasa por prolongar excesivamente el sueño el fin de semana, sino por adelantar progresivamente la hora de acostarse.

El papel de la luz de la mañana refuerza esta teoría. La exposición a la luz natural al despertar actúa como un potente sincronizador biológico que ayuda al organismo a establecer patrones estables de vigilia y descanso. Cuando esa señal se mantiene constante, el cuerpo “aprende” a anticipar los momentos de actividad y de sueño. Por el contrario, si varía de forma abrupta, el sistema pierde coherencia.

Así, los expertos coinciden en que los ajustes deben hacerse de manera gradual, reduciendo las diferencias entre el horario de entre semana y el del fin de semana.