Una mujer decide vivir con sus padres ancianos en una gran ciudad: "echo de menos mi casa en el pueblo, los vecinos nos cuidábamos entre todos"

Una familia de cinco personas cambia pequeño municipio de 3.000 habitantes por la ciudad para cuidar de sus los abuelos ya que sufren deterioro cognitivo y empiezan a necesitar ayuda.

Dos niñas abrazando a su abuelo. |Envato
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Han pasado más de cuatro años instalados en Bright, una pequeña localidad de menos de 3.000 habitantes situada en el estado de Victoria (Australia). Allí, sus tres hijos, su marido y ella han aprendido a vivir en comunidad pero una llamada de auxilio por parte de los padres de la mujer, ancianos y con problemas de dependencia, hizo que tomaran la decisión de mudarse a Gold Coast.

Cambiar la naturaleza por una ciudad enorme (tiene cerca de 690.000 habitantes según Profile ID) ha supuesto romper el equilibrio que “llevaba toda mi vida buscando”, como ha asegurado Melissa en una entrevista publicada en Business Insider. “En el pueblo, todos los vecinos se conocen, se llaman por su nombre y se prestan ayuda”, ha afirmado. Una actitud que ahora, en el corazón de Australia, es complicado encontrar.

Cuando supo que sus padres, de edad avanzada, empezaban a mostrar signos de dependencia, lo tuvo claro. “No quería tener que arrepentirme más tarde”, aunque afirma que dejar atrás una vida construida en el entorno rural fue “especialmente doloroso”. “Sentía que llegaba el momento de acompañar a mis padres a medida que envejecen”. 

Junto a ellos ha repasado su infancia, una experiencia que ha contado en el medio antes citado. Porque aunque creció en Gold Coast, ha sido una trotamundos. “He pasado por Canadá, Inglaterra o Melbourne, pero finalmente decidí instalarme con mi pareja en Bright, donde han crecido nuestros hijos”.

En los pueblos se vive muy diferente

Una vez en Bright se dio cuenta de que la vida en los pueblos es diferente a la de las grandes ciudades. “No podía creer lo amables que eran las personas”, recuerda. Comenzar a trabajar y a desenvolverse en las calles de una localidad rural “me enseñó a desacelerar y valorar la cercanía humana… me daba la sensación de que la comunidad realmente se cuidaba entre sí”.

Al comunicar a sus amigos que se mudaba a la ciudad, “fue un shock emocional, además de dejarlos atrás también cambiaba mi estilo de vida más tranquilo, un entorno en el que las relaciones sociales surgían de forma natural”.

Ahora se han instalado en la casa de sus padres donde tratan de adaptarse a una rutina más acelerada. “Intentamos conservar algunas de las costumbres aprendidas en el campo, especialmente aquellas que tienen que ver con el autocuidado y la vida en comunidad”.

Ayuda a familias en riesgo de exclusión social

Desde que ha vuelto a la ciudad, ha dado un giro a su proyecto de vida. Ahora cocina y enseña sus trucos a sus amigos y ayuda familias que están pasando por momentos complicados, bajos ingresos o desempleo. “Una vecina tuvo un gesto bonito conmigo y desde entonces busco conectar con los demás en medio de esta enorme ciudad”.

“Le mandé un mensaje para pedirle unos huevos y lo que parecía una simple petición, se ha convertido en una bonita amistad”. Más tarde, invitó a la hija de su vecina para que pasase la tarde con sus pequeños. “Me mandó un regalo por mi cumpleaños, fue un bonito gesto que nos ha ayudado a conectar a un nivel profundo y comenzar a sentirme en comunidad”.

La naturaleza sigue siendo protagonista principal en todos sus planes. “Cuando estábamos en Bright las actividades familiares que más nos gustaban eran las más simples, como senderismo, excursiones o baños en el río”, destaca. Aunque lo tienen complicado porque la ciudad no abre las mismas posibilidades que el campo, “busco momentos sencillos que me recuerden cómo era mi vida en el campo”.

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