Una mujer de 70 años decide vaciar los ahorros de su jubilación para crear una pequeña comunidad de casas reservada para mujeres solteras: “390 euros al mes y 500 solicitantes para una plaza”

Una decisión comunitaria para no enfrentarse a la vejez en soledad.

Casa prefabricada |Tiny House Giant Journey
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El problema del precio de la vivienda y la soledad están cambiando la forma de pensar de muchos jubilados que se enfrentan a la vejez. Mientras que algunos dan por hecho que acabarán en una residencia, otros deciden dar un giro radical a su vida, para empezar una segunda juventud.

Este es el caso de Robyn Yerian, una mujer de 70 años que ha decidido invertir todo el dinero de su jubilación para construir un complejo de casas prefabricadas de estilo tiny houses en Texas (Estados Unidos), destinado exclusivamente para mujeres solteras entre 60 y 80 años.

En este pueblo situado a una hora de Dallas, catorce mujeres comparten una única regla no escrita que parece sacada de la película de Disney “Lilo & Stitch” y es que “nadie se queda solo”. De esta forma, llevan un modelo de vida que ha llamado la atención a todo el mundo; de hecho, tiene una lista de espera de 500 solicitantes.

"No soy de las que se quedan pensando en 'qué pasaría si'"

Mientras relata los inicios del proyecto, Robyn explica que la inflación fue uno de los motivos que la convencieron para dar el paso. Al hacer números, se dio cuenta de que sus ahorros no iban a ser suficientes para mantenerse a largo plazo.

En lugar de quedarse de brazos cruzados, decidió retirar sus ahorros y planes de pensiones y transformarlos en una fuente de ingresos.

Para lograrlo compró cinco acres de terreno (unas 2 hectáreas) y lo preparó desde cero. “No soy de las que se quedan pensando en 'qué pasaría si’”, relata a la revista People, explicando cómo afrontó gastos como la instalación de carreteras, agua y electricidad.

Robyn detalla que su modelo de alquiler es una ventaja, ya que no vende las casas, pues cada residente llega con su propia minicasa o autocaravana y paga una cuota mensual de unos 390 euros por la parcela y los servicios. Además, se ha comprometido firmemente a no subir nunca el precio, algo inaudito en una región donde los alquileres se han duplicado.

Para mantener la paz, las normas internas se rigen por la comunicación directa. Todo lo que molesta se dice de inmediato, para no generar un malestar, pero asegura: “Esta es solo mi opinión, nadie sale perjudicado”.

Sin rumores ni asuntos enquistados, el verdadero valor del lugar florece cuando las cosas se ponen difíciles. Robyn explica que lo que están pagando no es solo un alquiler, sino una red de seguridad y bienestar. “Nos llevamos el uno al otro al médico”, asegura, añadiendo que cuando alguien enferma o se opera, las vecinas se turnan para hacerle la compra, prepararle la comida y hacerle compañía.

Una alternativa que ya inspira a otros

Robyn explica que el proceso para entrar no es el típico contrato de alquiler, ya que las candidatas deben viajar allí para conocer a la comunidad. “El criterio principal no es económico”, aclara, sino tener la capacidad de ser autosuficiente y encajar en una comunidad tan unida.

En España existen proyectos similares y pioneros de cohousing senior (vivienda colaborativa), como el Residencial Santa Clara en Málaga (el primero de España con organización cooperativista) o Trabensol en Madrid.

Como resume la experiencia de estas comunidades, envejecer rodeado de amigos, gestionando tu propio futuro y combatiendo la soledad es totalmente viable. Un mensaje que conecta con quienes buscan otra forma de vivir en un momento marcado por los elevados precios y las dificultades del aislamiento urbano.

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