“Tengo 103 años y pensé que con el tiempo aprendería a convivir con el dolor, pero resulta que envejecer solo me enseñó la trágica inutilidad de pensar en lo que pude haber hecho diferente”

Afrontar la pérdida de un hijo por suicidio en la madurez y la lección de un centenario sobre el peligro de quedarse atrapado en los "y si hubiera sabido entonces lo que sé hoy".

Jubilado de 103 años y veterano de guerra |William Rossy
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Hay personas que al llegar a la edad de jubilación nos pueden autenticas lecciones de vida, sobretodo aquellos que sobrevivieron a la Segunda Guerra Mundial. En este sentido, un jubilado de 103 años ha contado su perfección de la vida después de haber sido prisionero de guerra en Hong Kong, de como los auténticos dolores no provienen de las disparos de una bayoneta ni de los trabajos forzosos que realizó y sí de otras cosas más importantes como la perdida de un hijo.

Este jubilado explica que, con el paso de los años las heridas tienden a cerrarse, incluso las más doloras, pero no es así, pues este pensionista perdió a su hijo de 30 años, según cuenta para William Rossy, en una entrevista para Sprouht. Para el, esto es un tormento que persigue a los padres cada día.

“En mi familia perdí a un hijo a los 30 años por suicidio, y me digo a mí mismo: si tan solo hubiera sabido lo que sé hoy, él no habría estado en esa situación”, relata. Aun así, no busca el victimismo y sí lanza un consejo que haría si pudiera volver atrás: “Sí supiera entonces lo que sé hoy... no habría estado allí”.

Ahora, es imparcial al afirmar que no vale de nada juzgar al “yo” del pasado sabiendo lo que sabemos ahora, pues como dice “es una batalla perdida”. Este jubilado piensa que se aprende con el día a día, pues no existe la forma de volver al pasado.

Cuenta que una Navidad de 1941 y con tan solo 18 años fue capturado en Hong Kong por las tropas japonesas y sometido a cuatro años de privaciones brutales, enfermedad y maltrato.

Durante ese tiempo trabajo bastante su cuerpo mediante el trabajo físico extremo paleando carbón. “Cuando caminas durante cuatro años con la amenaza de una bayoneta clavada en la espalda si no haces algo, tiendes a caminar encogido y a no mostrar ninguna emoción”, explica.

Ese cuatro años de cautiverio pasando factura al volver a la vida civil a los 25 años. “Uno se enseña a sí mismo a no mostrar emociones de ningún tipo, y eso es algo de lo que me arrepiento, porque nunca fui capaz de mostrar lo que las mujeres necesitan recibir” explica.

En cuanto al matrimonio, aunque estuvo casado 49 años, admite que el cautiverio apagó su forma de entender y expresar lo que es el amor.

Ahora, a sus 103 años, camina sin bastón, construye sus propios muebles e incluso vacila al decir que tiene menos edad de la que aparenta. “Según ellos solo tengo 99 años porque la página no admite un 'dos' delante... ¡creen que tengo tres años!”, haciendo referencia a que cuado hace cruceros puede puede poner más de 99 años porque el sistema no le deja.

Momento en el que bromea sobre que no puede poner más de 99 años para hacer un crucero | YouTube

A pesar de su edad, admite que no es bueno tener tantos años. “Tener 103 años es demasiado viejo, no es algo recomendable. Trae muchos inconvenientes (...) El nacimiento es una enfermedad terminal si lo piensas. Al final te mueres, ¿verdad?”.

Para el, su secreto para no usar bastón es no parar. “Parte del ejercicio es vestirme; me lleva una hora ponerme los zapatos, pero me mantengo activo. Sigo caminando todo lo que puedo”.

A pesar de haber atravesado una Gran Depresión y una Guerra Mundial, confiesa que ha perdido la fe en como va la humanidad ahora mismo y el rumbo que lleva.

los últimos años ha perdido la fe en el rumbo de la humanidad. Su preocupación actual no es la muerte, sino la degradación del sentido de la verdad en la sociedad contemporánea.

“Hasta los últimos años siempre he sido optimista sobre las futuras generaciones (...) Yo creía que el honor y la honestidad, el honor y la verdad, eran atributos humanos básicos. Pero ahora, en los últimos años, la verdad no significa nada, no significa nada en absoluto. La era de Trump y figuras como Putin me han vuelto pesimista”.

Para terminar mandar un mensaje sobre en miedo a sentir culpa o la vejez. “Vas por la vida, es un accidente; vas por la vida y está llena de accidentes, y si por accidente vives más que los demás, eso es maravilloso”, sintetiza.

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