Íker, vive una cabaña de piedra aislada en la montaña: “Tengo placas solares y consumo 1.800 Wh al día, pero con seis horas de sol una sola placa cubre nuestras necesidades”

Vive con su familia en una cabaña desconectada de la red para comprobar cuánto cuesta alcanzar la autosuficiencia energética y qué comodidades obliga a sacrificar.

Íker junto a sus placas solares |YouTube (@basquecraft)
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El auge del autoconsumo ha extendido la idea de que es posible vivir con independencia de las compañías eléctricas. Sin embargo, detrás de esa imagen de autosuficiencia hay inversiones, limitaciones técnicas y cambios de hábitos que no siempre aparecen en las redes sociales.

El comunicador vasco, Íker y su familia se han trasladado temporalmente a una cabaña de piedra aislada en la montaña para comprobar si una vivienda moderna puede funcionar únicamente con la energía producida por paneles solares. “Una cosa es verlo en una pantalla de YouTube y otra muy distinta es hacerlo de verdad, con tu mujer embarazada y una hija pequeña”, explica en uno de sus vídeos para su canal de YouTube (@basquecraft).

La casa no dispone de conexión a la red eléctrica y utiliza una estación de energía portátil con una capacidad de 3 kWh, permitiendo almacenar la electricidad generada durante las horas de sol para utilizarla por la noche o en momentos de menor producción.

Según los cálculos de Íker, el consumo diario de la familia se sitúa en torno a los 1.800 Wh. “Con seis horas de sol, una sola placa cubre nuestras necesidades”, asegura, haciendo hincapié en que el rendimiento depende de la potencia del panel, su orientación, la época del año y las condiciones meteorológicas.

La clave está en adaptar el consumo

Íker sostiene que el tamaño de la batería no es el único elemento para alcanzar la autonomía. “El verdadero secreto no es solo cuánta energía eres capaz de almacenar, sino aprender a tener una casa eficiente y acorde a lo que el sol te da cada día”, afirma.

La familia ha optado por un modelo híbrido, utilizando gas para cocinar y una estufa de leña para calentar la vivienda, mientras reserva la electricidad para la nevera, la iluminación y los equipos de trabajo. “En cuanto sacas la calefacción y la cocina de la ecuación eléctrica, todo cambia”, señala.

Así, de acuerdo con su experiencia, esta estrategia permite eliminar cerca del 80% del consumo eléctrico habitual de una vivienda. Además, también utiliza aparatos eficientes y controla qué dispositivos permanecen conectados, porque “si gastas más de lo que produces, simplemente te quedas sin luz”, advierte.

Un equipo de 1.900 euros

El sistema empleado en el experimento cuesta alrededor de 1.900 euros. En una vivienda ya conectada a la red, Íker estima que la electricidad generada podría suponer un ahorro directo de unos 125 euros anuales en el norte de Navarra, una cantidad que aumentaría en territorios con más horas de sol.

“No es una inversión para recuperar en dos temporadas. Tiene sentido si vas a utilizar el equipo todos los días y durante muchos años”.

Aunque el ahorro también podría crecer mediante una reducción de la potencia contratada, por lo que, según sus cálculos, la combinación de ambos conceptos permitiría recortar la factura en aproximadamente 236 euros al año y amortizar la inversión en unos 8 años.

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