La soldadura sigue siendo uno de esos oficios donde la presencia de mujeres todavía llama la atención. Aunque cada vez hay más trabajadoras que entran en sectores industriales, el camino no siempre es sencillo. En muchos casos, el problema no está solo en aprender un oficio nuevo, sino también en hacerse un hueco en espacios donde durante años casi todos han sido hombres.
Una de esas historias es la de Sonia, una soldadora que trabaja en una empresa situada en la dársena pesquera de Santa Cruz de Tenerife. Antes de llegar al taller, Sonia trabajaba en la aviación. Sin embargo, decidió cambiar de sector por las malas condiciones laborales. “Me vi obligada a cambiar de sector porque no podía vivir con eso”, explica en una entrevista para Radio Televisión Canaria. Así pasó de un ámbito con más presencia femenina a un oficio mucho más masculinizado.
Sonia reconoce que al principio fue duro porque casi todos eran hombres y “no todos al principio estaban muy de acuerdo en que entraran mujeres”, cuenta. Con el tiempo, la situación cambió y, según relata, tuvo suerte con compañeros que la ayudaron mucho y acabaron facilitando su integración.
Conciliar y demostrar el doble
Uno de los mayores obstáculos para Sonia no fue solo aprender a soldar, sino conciliar la vida laboral y familiar. Mientras muchos compañeros aceptaban horas extra sin pensarlo demasiado, ella tenía que organizar con antelación quién recogería a sus hijos. “La mayoría de mis compañeros no tenían ese problema porque ya delegaban en sus parejas. Yo tenía que consultar, buscar a alguien que justo ese día fuese a buscar a mis niños”, recuerda.
Además, a esta dificultad se le suma que tenía que “demostrarle uno a uno” a sus compañeros que era “igualmente capaz” de trabajar, ayudar, aprender y llegar a ser una profesional
Ahora, además de soldadora, se ha sacado el título de docente y la empresa ha aprovechado esa formación para que ayude a preparar al personal nuevo en prácticas. “Hacemos los trabajos aquí en el taller y mientras tanto ellos se van formando y van cogiendo mano para la soldadura”, explica.
Entre esas personas está Jessica, una aprendiz que destaca todo lo que ha aprendido de Sonia. “Antes de empezar aquí ella no era profesora y aprendí un montón, pero ahora con ella de profesora aprendo todavía más”, asegura.
Sonia recomienda a otras mujeres que se animen a entrar en este sector. Cree que pueden aportar algo diferente a la soldadura y defiende que “las mujeres tenemos una sensibilidad especial”.