Todos sabemos que una madre es capaz de hacer cualquier cosa por sus hijos, más aún cuando estos dependen de ella y es, por así decirlo, la cabeza de la familia. Lola Miralles es una mujer, madre y ahora abuela que a sus 66 años ha decidido jubilarse como enfermera tras más de 41 años cotizados. Ahora disfruta de una buena pensión (más de 3.400 euros), la que ha conseguido con mucho esfuerzo.
“Me ha quedado de pensión 2.741,85 euros”, señala, explicando que no fue fácil, pues ha sufrido mucho en la vida para conseguirlo. “Tuve que sacarme el grado de Enfermería y aprobar una oposición sola y con 5 hijos”, relata en una entrevista para NoticiasTrabajo.
Explica que cuando se divorció de su exmarido hace ya más de 30 años se vio sola con préstamos que pagar y con cinco hijos, el más pequeño de pocos meses de edad. En ese momento explica que estaba desempleada y que los pocos contratos que conseguía eran de sustitución como auxiliar de enfermería en el Complejo hospitalario de Jaén.
Ante esta situación precaria y con deudas que no podía asumir, tuvo que dejar la vivienda donde vivía para irse a un piso de alquiler y poder comenzar de cero. Así, explica que empezó a estudiar para sacarse el título de Técnico de Laboratorio a la vez que lo compaginaba con hasta tres trabajos al mismo tiempo. “Seguía trabajando en el hospital y cuidaba a varios enfermos en casas por las noches. Mi jornada laboral a veces era de hasta 24 horas, pero es que tenía a cinco hijos que criar”.
Explica que la ayuda de sus padres fue imprescindible, pues podían cuidar de sus hijos mientras ella podía hacer esas largas jornadas de trabajo, algo impensable en la sociedad actual.
Sobre cómo podía llevar ese ritmo de vida explica que sacrificando muchas cosas. “No podía permitirme el lujo de tener vida social, ya que para mí lo más importante era sacar a mis hijos adelante”.
Una estudiante y madre modelo
Lejos de conformarse con lo que tenía, Lola empezó a estudiar y a la primera aprobó las oposiciones de Auxiliar de Enfermería para la Junta de Andalucía, lo que le permitió tener un trabajo más estable y dejar atrás esas jornadas interminables para poder estar así más tiempo con sus hijos. Es más, explica que pudo comprarse su primer piso, ya que pudieron darle una hipoteca.
Lejos de conformarse, Lola se apuntó a la universidad para sacarse el grado de Enfermería, de tal forma que compaginaba sus estudios con el trabajo como Auxiliar de Enfermería. “Siempre me gustó enfermería y sentía que podía conseguirlo”.
Y así fue, con notas excepcionales logró graduarse como la primera de su promoción en la Universidad de Jaén. Pero la cosa no acaba aquí, tras terminar la carrera decidió prepararse las oposiciones para enfermera que había convocado la Junta de Andalucía, logrando aprobarlas nuevamente a la primera.
“La verdad es que estudié muchísimo, pues no fue fácil, ya que a la vez que trabajaba como auxiliar de enfermería y ya con mi título de enfermera me puse a escribir muchos capítulos para los libros de formación para Logoss para todas las disciplinas de enfermería. El trabajo estaba bien y encima me gusta escribir”. Añade que a la vez, también hacía contratos de sustitución como enfermera. “La verdad es que no paraba”, exclama sonriendo.
Con esta historia pudo conseguir aquello que más soñaba: ser enfermera y sacar a sus cinco hijos adelante.
Una pensión de jubilación merecida
Con esta historia de una auténtica “madre coraje”, Lola ha llegado a sus 66 años, que cumplió el pasado 12 de agosto. Explica que decidió alargar un año más su jubilación, ya que ella era muy feliz trabajando y, de hecho, le hubiera gustado jubilarse a los 67 años. Sin embargo, detalla que se paró a pensar y decidió que ya era hora de poner punto y final a su trabajo.
“Yo no quería, pero ahora tengo ocho nietos a los que debo dedicarles tiempo y creo que, después de lo que he trabajado y luchado, me lo merezco”, señala.
La pensión de jubilación que le ha quedado a Lola por sus más de 41 años cotizados es de 3.470,70 euros mensuales, lo cual le parece una muy buena pensión después de lo que ha trabajado. Ahora explica que lo que no le ha gustado mucho es que cuatro años cotizados no le hubieran computado.
“Cuando fui a la Seguridad Social me dijeron que tenía una bonificación de 12.400 euros por ese año retrasado que decidí cobrarlo de golpe, pero que los cuatro años los perdía, ya que para tener derecho al 100% de la base reguladora eran necesarios 36 años y seis meses, por lo que ese excedente no se tenía en cuenta”, detalla.
Sobre su último día trabajando explica que fue especial, triste y alegre al mismo tiempo. “Cuando terminé mi jornada laboral me quería ir, pero mis compañeros del Centro de Salud de Huelma en Jaén me hicieron una fiesta sorpresa de despedida. Me siento muy agradecida de tener unos compañeros excelentes”.
Sobre lo que más echará de menos de su profesión explica que “ayudar a las personas y tratar con ellas. Enfermería y la sanidad en general es una profesión muy bonita y gratificante”.