Las historias de superación personal suelen tener un punto en común, un momento complicado que obliga a empezar desde cero, ya sea por la pérdida de empleo, la falta de oportunidades o una situación límite, Y es lo que le ocurrió a Simon Squibb, un empresario británico que, tras quedarse sin hogar y sin posibilidad de trabajar siendo adolescente, tuvo que crear su propio empleo desde cero hasta que ha llegado a convertirse en millonario y en alguien que hoy ayuda a otros a emprender.
Squibb, de 52 años, perdió a su padre con solo 15 años y se quedó sin hogar durante varias semanas. “Dormí en un parque y en casas de amigos. No tenía dirección ni podía conseguir trabajo”, recuerda en una entrevista en The Times. Sin una red de apoyo y sin recursos, se vio obligado a buscar una salida por su cuenta.
Su primera solución fue empezar a tocar puertas ofreciendo servicios de jardinería. “Solo necesitaba ganar unas 150 libras a la semana para pagar comida, luz y alquiler”, explica. Aunque reconoce que no era especialmente bueno en ese trabajo, decidió contratar a alguien que sí lo fuera, iniciando así su primer negocio. Esa experiencia marcó el inicio de su mentalidad emprendedora.
A partir de ahí, su trayectoria fue creciendo. Fundó varias empresas, aprendió de sus errores y terminó vendiendo una de ellas por una cifra que, según él mismo admite, fue “más dinero del que jamás necesitaría”.
De no tener nada a repartir miles de euros
Lejos de cambiar su mentalidad hacia el ahorro, Squibb tomó la decisión de gastar e invertir todo lo que gana. “Definitivamente soy más de gastar que de ahorrar”, afirma. Pero no se refiere a gastar sin control, sino a reinvertir constantemente en proyectos, ideas y personas.
Hoy asegura que aunque no lleva cartera, en su día a día, siempre tiene disponibles unas 4.000 libras (alrededor de 4.600 euros), una cifra que, según sus propias investigaciones, es la cantidad media que necesita una persona para poner en marcha un pequeño negocio. “Hemos hablado con miles de personas y esa es la cifra que suele marcar la diferencia entre empezar o no”, explica.
Esa filosofía le ha llevado a crear iniciativas virales, como comprar una escalera abandonada en Londres por 25.000 libras y convertirla en un espacio donde cualquier persona puede presentar su idea de negocio. Además, a través de su plataforma HelpBnk, ofrece asesoramiento a miles de emprendedores.
Hasta ahora, asegura haber repartido más de 426.000 libras (cerca de 500.000 euros) ayudando directamente a personas a dar sus primeros pasos.
“Si persigues el dinero, huye de ti”
La relación de Squibb con el dinero ha evolucionado con el tiempo. Primero fue una cuestión de supervivencia, después de crecimiento empresarial y, finalmente, de propósito. “Llegó un momento en el que el dinero dejó de ser mi motivación. Me pregunté qué problema podía resolver en el mundo”, explica.
Para él, el error está en obsesionarse con ganar dinero. “Si persigues el dinero, huye de ti. Lo importante es aportar valor”, asegura. De hecho, sostiene que cuanto más se ha centrado en ayudar a otros, más oportunidades han surgido en su vida, incluso sin buscarlas.
También cuestiona algunas ideas tradicionales, y es que no cree en la jubilación como objetivo vital: “Quiero gastar todo mi dinero antes de morir”. Tampoco confía en invertir en bolsa o en activos que no puede controlar. “Prefiero invertir en cosas donde puedo influir directamente”, afirma.
Su visión del dinero también se refleja en su vida personal, aunque posee una vivienda valorada en varios millones, reconoce que nunca le ha dado demasiada importancia a tener propiedades y que solo lo hizo por la estabilidad de su familia. Incluso admite que a veces se plantea venderla.
Hoy, convertido en una figura influyente en redes sociales y con millones de visualizaciones en sus contenidos, Squibb insiste en que su historia no trata de hacerse rico, sino de cambiar la forma en que las personas entienden el dinero. Para él, la clave no está en acumular, sino en utilizarlo para generar oportunidades y mejorar la vida de otros.