Dejarlo todo para buscar una oportunidad en España es el camino que eligen miles de ciudadanos de América Latina. Sin embargo, al llegar, la realidad del mercado laboral suele ser muy dura. Sectores como la hostelería y el servicio doméstico concentran a gran parte de esta población extranjera, ofreciendo a menudo jornadas extenuantes que superan las 10 o 12 horas diarias y salarios muy bajos debido a la falta de papeles.
Esta fue la realidad que vivió Stefhanie, una joven hondureña de 22 años originaria de San Pedro Sula. Tras pasar por la hostelería y trabajar como empleada doméstica interna, decidió aprender el oficio de limpiacristales y convirtió en emprendedora. Hoy cuenta con una cartera de entre 25 y 30 clientes en el barrio madrileño de Vallecas. Su historia, recogida por el canal 'Historias de Migrantes', refleja cómo con esfuerzo, siempre se consigue salir adelante.
De Honduras a trabajar 12 horas al día en España
Al igual que el 43,5% de las afiliadas al servicio del hogar y el 25% de las plantillas de restauración en España, Stefhanie comenzó trabajando en los sectores más duros. Su primera experiencia fue como interna en una casa, pero solo duró un mes porque no soportaba estar siempre en una casa. Después pasó a un bar, donde vivió de primera mano el fraude laboral que la Inspección de Trabajo denuncia de forma habitual en la hostelería: largas jornadas por un bajo sueldo.
"Trabajaba 12 horas seguidas, corriendo y sin descanso. Además, como no tenía papeles, el sueldo era muy poco", relata Stefhanie al entrevistador. Su testimonio coincide con los datos oficiales de las asociaciones, que denuncian que la necesidad de cumplir los tres años de permanencia en España que exige la Ley de Extranjería para conseguir el permiso de residencia obliga a muchos migrantes a aceptar la economía sumergida y la explotación horaria para poder subsistir y enviar remesas a sus países.
Del monopatín a una cartera de 30 clientes
El cambio llegó cuando una empresa de limpieza de cristales la contrató. Allí descubrió que el oficio se le daba muy bien y que, además, le gustaba. El dueño de la empresa, un ciudadano español mayor que empezó a enfermar, decidió dejar el negocio. En ese momento, Stefhanie vio la oportunidad de independizarse: imprimió unas tarjetas de visita con sus datos y empezó a repartirlas por todo el distrito de Vallecas.
Al no tener vehículo propio, Stefhanie comenzó a desplazarse a los locales con sus herramientas de limpieza subida en un monopatín: "Al principio mucha gente no me tomó en serio porque me veían en el patinete, pero hubo personas que confiaron en mí", explica.
Una peluquera venezolana fue su primera clienta tras decirle que se le notaban las ganas de salir adelante. Esa confianza la motivó a seguir tocando puertas. Hoy atiende a unos 30 clientes habituales, entre los que se encuentran salones de belleza, restaurantes, bares, lavanderías y también viviendas particulares.
22 años, un hijo y un negocio en crecimiento en España
Stefhanie defiende que limpiar cristales de forma profesional tiene su técnica y requiere fórmulas específicas, pero asegura que "no exige tanto esfuerzo" como las jornadas infinitas del bar. Sus tarifas actuales son muy competitivas para abrirse hueco en Madrid.
Cobra 20 euros por limpiar los cristales de una oficina (por dentro y por fuera) si va una vez a la semana o al mes. Si el espacio tiene muy pocos vidrios, el precio baja a 15 euros. Además, ofrece un paquete de 100 euros al mes que incluye ocho visitas en total (yendo dos días por semana, como lunes y viernes).

A sus 22 años y con un hijo pequeño, Stefhanie tiene claro que su futuro está en España, ya que se ha adaptado por completo a la vida de Madrid. Su meta para este año es comprar una furgoneta propia para poder cargar el material con mayor facilidad y expandirse.
A largo plazo, sueña con comprar un piso, hacer crecer su empresa y contratar a otras personas para darles la oportunidad laboral que a ella tanto le costó conseguir. "Mi consejo para los que llegan es que no se den por vencidos; la vida cuesta mucho, pero si haces papelitos de limpieza, el trabajo sale", concluye .

