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La neurociencia avisa: tenemos un hábito nocivo para nuestra salud

La costumbre de mirar el móvil nada más despertar puede afectar de forma negativa al cerebro.


Doctor examinando cerebro
Una doctor examinando un cerebro |Canva
Eva Gómez Núñez
Fecha de actualización:

Hemos adquirido un mal hábito con el tiempo y sin darnos cuenta. Así lo determina la neurociencia. Y es que cuando encendemos la pantalla de nuestro teléfono móvil, empezamos a hacer scroll para ver vídeos interminables en las redes sociales o apagamos la alarma recién levantados, estamos haciendo daño a nuestro cerebro. Y esto es tan dañino que ya se le ha asignado un nombre:  doomscrolling o doomsurfing. 

Esto afecta a nuestro cerebro de la siguiente manera: al consumir y consumir contenido a través de la pantalla (con luz azul la mayoría de veces, lo que también acaba afectando a nuestra vista) nuestro cerebro quiere más y más, actuando como una especie de droga que no puede controlar. Así, nuestro cerebro genera la sensación de que estamos distraídos, pero está provocando que cada vez consumamos contenido menos estimulante para él. Y por esa sensación nos podemos tirar horas y horas en redes sociales sin ningún tipo de control y agotando toda nuestra batería.

Este mal hábito puede ir a más cada día. De consumir solo un par de minutos a pasarnos toda la mañana: “Cada vez que navegamos o actualizamos nuestras noticias, vemos contenido nuevo, desafiante e impredecible y, al igual que una máquina en el casino, la imprevisibilidad del resultado gratificante nos proporciona mucha dopamina”. Así lo ha explicado una neurocientífica en un medio francés, destacando lo peligrosas que pueden llegar a ser las redes sociales. 

Así se reduce la concentración en nuestro cerebro 

Consumiendo tanto tiempo contenido en el teléfono móvil se genera una falsa sensación de dopamina, una molécula que genera nuestro cuerpo de forma natural. Con ella entramos en una especie de círculo vicioso que los expertos asemejan al consumo de azúcar.  

Pero no solo los neurocientíficos han alertado de que un mal uso de nuestro móvil tiene consecuencias nocivas para el cerebro. Marcas de telefonía tan potentes como Samsung explican que, de seguir así, nuestra concentración bajaría de forma considerable porque aumenta los niveles de agotamiento mental. Esto generaría que nos llegáramos a sentir más frustrados. Además, añade que en un par de décadas nuestra predisposición a permanecer atentos ha pasado de 12 a 8 segundos. 

Qué emociones nos genera el doomscrolling 

La tecnología es un arma de doble filo, a la vez que nos aporta cosas buenas como la información, estar informados todo el tiempo nos genera emociones poco agradables a la larga. El bombardeo de datos es tan fuerte que nuestro cerebro no puede habituarse a él y no procesa del todo. 

“Cuando las noticias son particularmente negativas o provocan emociones fuertes, puede resultar especialmente tentador mantenerse al día con lo que sucede”, confirma una enfermera en salud mental. Por lo que el doomscrolling puede generar emociones tan enfermizas como la ansiedad o la depresión. Incluso nos puede llegar a aislar de nuestros seres más queridos, ya que pensamos que el mundo que vemos en el móvil es nuestro mundo. Y, moraleja: no hay que creerse todo lo que se ve en las redes sociales: “Tu cuerpo está inundado de cortisol, la hormona del estrés, que te prepara para luchar contra la amenaza percibida (las noticias), lo que te hace más propenso a experimentar cambios de humor”. 

Por lo que los expertos lo tienen claro: lo más recomendable para evadirse de la tecnología por las mañanas es desactivar las notificaciones. Con ellas tenemos demasiados estímulos que nuestro cerebro no puede procesar recién levantados y mucho menos si las notificaciones son de las redes sociales. 

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