Seguro que alguna vez te ha pasado: vas caminando por tu barrio, ves a un gato descansando o paseando y te dan ganas de llevártelo a casa. Sin embargo, lo que muchos ciudadanos desconocen es que la Ley de Bienestar Animal ha blindado la vida de estos animales en libertad.
De acuerdo al BOE, los gatos comunitarios, aquellos que se ven por las calles, tienen ‘dueño’: la propia administración, y su hogar es la calle. Separarlos de su colonia sin un motivo de peso no solo es una mala idea para el animal, sino que es ilegal.
La normativa española busca proteger lo que denomina ‘colonias felinas’. Según el Artículo 42 de la Ley, queda terminantemente prohibida la retirada de estos animales de su entorno natural. Y es que, se entiende que estos gatos están integrados en su comunidad y que su bienestar depende de permanecer con su grupo.
Solo existen tres excepciones en las que se puede realizar: que el gato esté enfermo, que sea un cachorro en edad de ser socializado o un ejemplar totalmente sociable destinado a la adopción legal.
Ni sacrificios ni mudanzas forzosas
El texto legal es tajante para evitar el maltrato encubierto. Se acabó el sacrificio de gatos callejeros por control poblacional; solo un veterinario puede certificar esta medida en casos de salud irreversibles.
Además, la ley prohibe el confinamiento de gatos no socializados en protectoras o residencias. Pero, ¿qué significa esto? Que si un gato es ‘salvaje’ y huye de los humanos, meterlo en una jaula se considera un castigo y no una ayuda.
Tampoco se puede jugar a ser ‘el mudanzas’. La suelta de gatos en colonias distintas a la de origen o su reubicación arbitraria están prohibidas. Los gatos de biodiversidad y salud pública son los únicos que pueden forzar un traslado, y siempre bajo un estricto protocolo veterinario y administrativo.
Si el gato molesta en una plaza, no puedes simplemente cogerlo y soltarlo en un campo, eso se considera abandono y conlleva sanciones graves
Excepciones: salud y adopción
Entonces, ¿cuándo podemos intervenir? La Ley deja la puerta abierta al sentido común y al corazón, pero con papeles. El apartado 6 del Artículo 42 especifica que si encuentras a un gato enfermo que no puede valerse por sí mismo, la prioridad es su calidad de vida. En ese caso, la retirada está justificada para recibir tratamiento.
Del mismo modo, si el gato es un cachorro que aún puede aprender a vivir en un piso, la adopción es vía legal para sacarlo de la calle. Esta medida profesionaliza la gestión de las calles.
El objetivo es reducir el estrés de los animale sy fomentar las colonias gestionadas. Se trata del método CER: Captura, Esterilización y Retorno.
Seguridad y biodiversidad
Por último, la ley no se olvida del impacto ambiental. Aunque el gato tiene derecho a su colonia, este derecho termina donde empieza el riesgo para la fauna protegida o la salud de las personas.
Es decir; si una colonia pone en peligros espacios de la Red Natura 2000 o supone un riesgo sanitario real, la administración puede intervenir para reubicarlos, pero siempre preservando su bienestar y con informes técnicos previos.
En resumen: si ves un gato en la calle y parece sano, déjalo estar. Está en su casa. Ahora bien, si se quiere ayudar, solo hace falta contactar con las asociaciones locales que gestionan las colonias de forma legal.